Variedades

Inconveniencias de la maternidad


Por estos días la exaltación de la maternidad y la ternura que conlleva esa labor es el instrumento por excelencia de los comerciantes que buscan hijos e hijas con remordimientos de conciencia y bolsillos llenos.
No me mal entiendan, quiero mucho a mi mamá (aunque lo demuestre poco) y soy la flamante madre de dos preciosos varones; lo que trato de expresarles es lo que ocurre los otros 364 días en que no somos "la mejor mamá del mundo".
El cuento empieza cuando recibimos la feliz noticia, algunas veces viene en papel y se llama positivo, otras se viste de algún color especial. La impresión inicial puede ser alegría, gratitud a Dios o negación, todo depende de la situación.
Todo el esfuerzo y el dinero que pagaste en el gimnasio para lograr los abdominales perfectos se van por la borda cuando la barriguita empieza a crecer, pero eso no importa, todo se compensa con lo radiante que te ves, cuando no estás vomitando, escupiendo o bostezando.
La ropa sexy no te queda, pero tú ni te inmutas, con las tiendas de campaña que estás usando, nadie notará los kilos que ganas día con día, además luego los bajas "rapidito". A medida que avanzan las semanas y que tu panza crece, tus senos y tu cuello se oscurecen y tu nariz se hincha, se te hace más difícil dormir. Si estás boca arriba, te falta el aire, si te acuestas de lado se te duerme el brazo y dormir boca abajo no es una opción. Aquí entre nos, en mi noveno mes de embarazo, yo dormía como los dioses, en la posición de los chiquillos lombricientos.
Durante el embarazo no faltan las matronas de la familia que te leen la cartilla acerca de lo que debes y no comer o hacer: nada de picante, porotos, etc. "No te estires", "no cruces las piernas", "no te agaches", entre otras.
Según su sabiduría popular, después de la tercera hinchada estás "lista". Como puedes, te bamboleas de un sitio a otro, pues has perdido tu centro de gravedad; o sea que la barriga pesa tanto que te inclina y para contrarrestarlo tienes que adoptar ese horrible caminado y postura. Sabes que alguna vez calzaste 8 por tus bellos zapatos de tacón alto guardados en tu armario, sólo miras con resignación un par de masas amorfas que parecen tus pies.
El momento llegó. Las ligeras molestias del principio se convierten en fuertes dolores que te hacen renegar del amor y el sexo. Respiras como te enseñaron en el curso de preparación para el parto y te das cuenta de que no atenúan en nada tu dolor, sólo te hacen lucir más valiente.
Con suerte la agonía termina pronto y en la mesa de parto, después de varias pujadas, ves a un hermoso bebé. Lo tomas en tus brazos, das gracias a Dios y olvidas todo lo que has sufrido... hasta que el médico empieza a coserte.
La labor de madre apenas empieza, esa criatura gritona que no te deja dormir, crece más rápido de lo que imaginas. Rompe tus cosas, hace travesuras y te mira a los ojos de una manera tan especial que crees que el corazón se te saldrá del pecho.
Lo crías lo mejor que puedes, termina una carrera y forma una familia (no siempre en ese orden). Te da lindos nietos a los que adoras y rezas para que todo salga bien. El amor de madre no termina ni con la muerte, es inmortal como el alma.
Inconvenientes, si hay muchos: tu cuerpo a veces no queda igual, tu paz se termina porque vives preocupada por esa personita y tus prioridades cambian; por más que te esfuerces, siempre habrá ropa sucia y desorden. Pero las recompensas son incontables: sonrisas que alegran tus días, ocurrencias geniales, abrazos y caricias de manos suaves y la admiración perpetua de un ser humano mejor que tú.
Desde el punto de vista del esposo:
  • La abstinencia del primer trimestre.

  • La abstinencia del tercer trimestre.

  • La cuarentena.

  • Dormir al lado de unos pechos muy sensuales que no se pueden tocar, so pena de un rocío lácteo.

  • Los "tranquilízate amor, los niños se van a dar cuenta".


  • Cuando pequeños: Que te vistan con ropas "muy lindas", pero decididamente incómodas y calurosas. Luego: quieren que te vistas como una "vieja" o un "viejo".

  • Los regaños escalonados. Sueltan la "regañuza" y se calman, a la media hora se acuerdan y vuelve el sermón.

  • Que cuando te niegan los permisos y preguntas la razón te respondan: "Porque no" o su equivalente: "Porque yo lo digo".

  • Que no entiendan que como varón es tu deber sagrado caerte, golpearte, rasparte, romperte un hueso o un diente y pelearte a puñetes para que te respeten.

  • Que no les entre en la cabeza que si acabas de estar con tus amigas, tengas que hablarles por horas por teléfono o el hecho de que te guste el guapo de "Carlos" que viste (según ella) como un vagabundo y tiene "piercings" en la lengua, en una ceja, en la nariz, un huecote muy sexy en la oreja y otros tatuajes de lo más "cool".


fecha edicion
old id
107762
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América