Variedades

¿Informarnos o Quejarnos? ¡He allí el dilema!


De un tiempo para acá nuestros informativos de televisión han intensificado segmentos de "quejas" y de "denuncia" ciudadana, calificados de esa manera por el propio medio y de esa misma manera, popularizados entre televidentes ávidos de hacerse oír y escuchar, aunque sea momentáneamente.
Este cruce entre la noticia y la queja y cuyo producto final es, a no dudarlo, la noticia que es queja o sea el sensacionalismo informativo, al paso del tiempo y de la fuerza de la costumbre ha pasado a considerarse como de interés y relevancia social dado que enfrenta a los televidentes con un clasificado de quejas diarias que presenta el medio televisivo y que de paso, razón que no queda del todo oculta, hace de todo quejoso (a) un (a) reportero (a), estrella, del momento, como diría Warhol.
Esto, que es algo así como un secreto a voces, se ampara en la peregrina idea y en estos tiempos de cierre de milenio, "popular" concepción, de que aquello que da "rating" necesariamente es aquello que el medio televisivo debe obligatoriamente hacer. Es decir si "rating" aporta lo que a todas luces es una variante, a lo panameño, de "el pan y el circo" tradicional, entonces a darle al público panameño "el pan y el circo" y amén cuando podemos hacer pasar el mismo como noticioso.
Irónicamente acá sí se toma en cuenta y en consideración, aquello que "quiere la mayoría". La voz del pueblo es la voz de Dios, acá se hace verdad y por ello la televisión local considera el "rating" como testimonio abierto del principio. Es decir como algo que socialmente hay que hacer.
Sin embargo, es de señalarse que la acción relega a un último plano de importancia los elementos periodístico que determinarían qué es lo que debe asumir la sociedad como noticioso y de interés general y no de interés particular. Las personas quejosas aluden al derecho natural de convertir sus problemas y dilemas particulares en material de interés colectivo y general. Si a esto le sumamos sus derechos de arremeter contra quien sea en base a que el medio masivo de comunicación tiene, en "democracia", que recoger sus queja, resulta ser que el escenario para esta comedia de sin sentidos está montado y que incluso cobra mayor fuerza al transmitirse en capítulos diarios.
Se desconsidera que los valores noticiosos están dados y que una cosa es ignorarlos y otra cosa es no ajustarlos a los intereses y a la valoración que pretende el medio. Y un valor como el de "trascendencia" implica que lo que se divulga interese a más personas y no solamente a dos vecinos que se quejan que un automóvil pasa a velocidad por sus casas y no los deja dormir o bien de que otro vecino escucha la radio a todo volumen y no los deja dormir.
En ambos casos, para solamente dar dos de los tantos, semejantes, que difunde el medio televisivo local, ¿acaso no se pasan por alto otras vías de solución que contempla nuestro sistema social de convivencia? El ciudadano o la ciudadana los pasa por alto de manera consciente. El o ella saben que existen, pero los desconsidera con el convencimiento de que es el medio el que tiene que dar la solución y no ellos mismos ejerciendo su derecho como entes sociales que conviven con otros a quienes tienen que obligar, ésa es la palabra, a cumplir con normas y con leyes.
Esta no es responsabilidad del medio. Esta es responsabilidad del hombre o de la mujer que siente que sus derechos son desconsiderados. El dilema es que ese hombre o esa mujer quiere que el medio se transforme en un vehículo de sus quejas y de sus lamentos y en un juez y no en uno que, como anotaba Lasswell, vigile y reporte hechos que son noticias y no quejas y lamentos que queremos se asuman como noticias.
Esto es un comportamiento arquetipo en nuestro medio. Queremos que sean otros, el gobierno, el medio, el jefe, el director -para citar solamente algunos- y no nosotros mismos, quienes hagan o realicen lo que nosotros no nos atrevemos a realizar o a hacer. Nos quejamos ante los demás de las "injusticias" con la idea de quejarnos y presentarrnos como "víctimas". Poco o casi nada es lo que hacemos para impedirlo: decimos a otros las "injusticias" de que somos víctimas pero somos incapaces nosotros mismos de oponer resistencia a las mismas o de hacer algo para evitarlas.
Pensamos que con "denunciar" y "exponer" ya hemos cumplido y que después le corresponde a otros, los demás, dar una solución y que sean ellos quienes resuelvan lo que nosotros solamente denunciamos y exponemos.
Cuando el medio televisivo intensifica esta variable se ponen nuestras barbas al fuego. Es que el medio se desliga de realmente informar trascendencias y se contenta con intrascendencias que ni siquiera tendrían cabida en un espacio de chismorreos o de rumores. El medio, en todo sentido, pasa a ser menos que un micrófono de la realidad o "la voz de los sin voces" dirán algunos, malentendiendo la idea de que informar es la esencia de su función social y no la de denunciar sin investigar. Contribuir a formar ciudadanos (as) responsables y con una autoestima tal que no se amedrenten ante el irrespeto y que se contenten con ser defendidos por un hermano mayor que lo que tiene en mente es el "rating" y nada más que el "rating". Cuando el medio televisivo contribuye con el malentendido se trata ni más ni menos de populismo y más allá del populismo, populismo barato.


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70510
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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