Tres meses después de su nacimiento, el pequeño príncipe George Alexander Louis, primogénito de los duques de Cambrigde y tercero en la línea de sucesión al trono de Inglaterra, fue bautizado en una ceremonia íntima celebrada en la capilla real del Palacio de St. James.
El pequeño George recibió las aguas bautismales en una ceremonia que ha roto con la mayoría de las tradiciones en lo que bautizos de herederos a la corona británica se refiere.
Para empezar, los padrinos. Ciñéndonos a la historia, éstos deberían haber sido elegidos entre miembros de casas reales y monarquías, pero siguiendo su deseo de vivir de forma sencilla y discreta, los duques de Cambridge han elegido a personas cercanas a ellos. William van Cutsem, íntimo amigo de William de Inglaterra, Julia Samuel, una de las mejores amigas de Diana de Gales, Jamie Lowther-Pinkerton, exsecretario personal de los duques de Cambridge, Emilia Jardine-Paterson, amiga de la infancia de Kate Middleton, Zara Tindall, prima del príncipe Guillermo, Earl Grosvenor, hijo del duque de Westminster, y Oliver Baker, compañero de universidad del duque de Cambridge, han sido los designados por la joven pareja para apadrinar al príncipe.
¿Y entre los invitados? Solo 60, los más cercanos a los orgullosos, y reales, papás han acudido al bautizo del Príncipe George Alexander Louis que se ha celebrado en la capilla real del Palacio de Saint James, Londres, (el mismo espacio donde descansaron, durante una semana, los restos mortales de Diana de Gales en 1997), en contraposición a lo esperado: el Salón de Música del Palacio de Buckingham, donde habían recibido este sacramento otros miembros de la familia real.
El Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, ofició la ceremonia.
Donde sí se ha mantenido la tradición fue en la vestimenta del príncipe Jorge. El bebé llevó una réplica del faldón utilizado por todos los miembros de la familia real en el último siglo.