Se trataba de una broma pero los aspirantes no lo sabían. ¿Qué nos dice sobre la telerealidad? Todo comenzó con un desafío: inventarse el peor reality show, o programa de telerealidad, para poner a prueba las fronteras del formato.
Pero en sólo ocho semanas, "Vamos a hacer un bebé" estuvo a punto de convertirse en un programa de verdad.
Cientos de aspirantes colapsaron las líneas telefónicas luego que salió el anuncio invitando a los interesados y canales de televisión de todas partes del mundo empezaron a ofrecer grandes sumas de dinero para asegurarse los derechos de la serie. "Nunca nos imaginamos que llegaríamos tan lejos con tan poco esfuerzo", dice asombrada la productora y directora del proyecto, Helen Sage.
El experimento iba a formar parte de una serie de la BBC que se llama "Diabluras" (Mischief). La intención de los realizadores del programa era tomar la idea de más mal gusto y crear una compañía productora falsa para venderla.
La licencia concedida por la Policía para tener un perro costaba hasta el 2003 en Pekín 5.000 yuanes anuales (620 dólares; 504 euros) y a partir de ese año se rebajó hasta mil yuanes (124 dólares) y 500 la renovación anual.
Veinticuatro ciudades chinas extienden dichas licencias y sólo en Pekín se calcula que hay un millón de perros con dueño, la mitad de ellos con su documentación en regla, además de los callejeros.
La costumbre de tener un perro está adquiriendo un auge sin parangón desde que se pusiera de moda tener un can como animal de compañía durante la dinastía Qing (1644-1911).
El sector canino mueve casi tres millones de dólares al año en China, y se calcula que en el 2008 alcanzará los 750 millones de dólares (609 millones de euros), todavía lejos de EEUU (1.900 millones de dólares), según "Radio Internacional de China".
El gasto por dueño es de hasta 25 dólares mensuales. "La mayoría de nuestros clientes son personas mayores que se sienten solas y no tienen demasiada capacidad adquisitiva", declaró a EFE Pu, la propietaria de la tienda canina "Meika", en Pekín.