Corea, una república que a pesar de sufrir en el pasado la devastación de la guerra, es un país que hoy sirve como modelo para muchas naciones en desarrollo.
Los diversos imperios que rigieron esta zona asiática han legado huellas indelebles en sus habitantes. Dinastías como las de "Go-Joseon", "Goguryeo", "Baekje" y "Shilla" aún se pueden apreciar en el arte y la tradición coreana.
Y es que el talento artístico de sus habitantes es expresado de una forma muy original a través de su música y pinturas, que gozan de unos cinco mil años de historia.
Dentro de la modernidad de Corea, parecen caminar al mismo ritmo una cultura y artes únicos que destilan toda esa belleza y espiritualidad milenaria que parece nunca acabar.
Para constatarlo basta caminar por la calle de "Insa-dong", vía completamente tradicional perdida entre la modernidad de la ciudad de Seoul.
Peatonal bastante angosta, pero que concentra el 40% de las galerías de arte de la ciudad, "Insa-dong" es el lugar perfecto para los turistas y compradores interesados en esta rama.
Allí fácilmente los visitantes pueden encontrar fascinantes tiendas de antigüedades y hasta interesantes ventas de libros de segunda mano.
Pero más que los mismos sitios, llama con mayor poder la atención el arte mismo que desarrollan. No importa el material que se tenga a la hora de trabajarlo con la misma belleza final.
Podría decirse que una de las principales características del arte coreano es por regla general "que la mano de obra es especialmente valorada". Todo aquello que es confeccionando con las manos tiene un valor acorde con el trabajo logrado.
Para todo foráneo resulta verdaderamente espectacular la finesa con que desarrollan las esculturas en cerámica. Tazas para té, jarrones, envases... es muy particular verlos con motivos de pájaros y en color "jade".
Igual de especial es la escultura en madera. En este sentido no hay límites. Lo mismo te enamoras de un encendedor o llavero trabajado en este material, que máscaras o representaciones mitológicas.
Sin embargo, el arte en hierro tampoco se queda atrás, siendo al parecer la especialidad de la casa, la confección de campanas. Cuentan los coreanos que esto se debe a que ellas cobraron mucha importancia durante los períodos imperiales.
La pintura es otro elemento que difícilmente creemos que pase desapercibido ante los ojos de un visitante. No es precisamente un tipo de muestra presentada en óleos y acrílicos sobre lienzo. Es algo mucho más especial: "la serigrafía sobre corcho". Hermosos paisajes y temáticas coreanas son expuestas a través de estas técnicas.
No obstante, repetimos: "En Corea, el arte y la tradición van tomados de la mano". Esto es expresamente demostrado por la confección de banderolas hechas con papel y seda, (esta última muy utilizada en el país). Estas banderolas son colocadas en lugares especiales para transmitir paz, reflexión y espiritualidad en el momento en que se necesite.
Definitivamente, quien tiene la oportunidad de visitar Corea, termina fascinado por la riqueza de la cultura, tradición y arte que posee, tan perfectamente armonizado con la modernización del país.
-"No sé aún, tal vez hoteles".
Y así se alejó, apoyado en un bastón, pero con una gran vitalidad reflejada en su rostro. Supimos que se divorció en 1987, pero ignoramos si ha vuelto a contraer nupcias. De repente, tenemos a todo un príncipe soltero rondando en estos momentos las playas de Panamá.
Pero allí no termina todo. El paseo monárquico continúa. Se espera que el 26 de noviembre venga el príncipe Alberto de Mónaco y con él tal vez la apertura de un consulado permanente en Panamá, con la posibilidad de una oficina comercial y tal vez hasta la apertura de un banco. ¡Uyuyuy, nos espera más vida de príncipes!.