Ocho estrellas y un montón de chatarra y materiales reciclables cautivaron al público panameño.
El espectáculo que Stomp ofreció a los medios e invitados especiales es sólo una muestra de lo que ofrecerán desde hoy hasta el 19, en el Teatro Anayansi de ATLAPA.
Los asistentes llegaron a la hora. La gente estaba intrigada, querían saber cómo era posible que estos artistas creaban ritmos con simples cartuchos, periódicos, cajas de fósforos, tanques de basura, entre otros artículos.
En el escenario podíamos apreciar, desde ollas, sujetas a la pared, hasta letreros de señalización. Todo un taller de chatarra, utilería que usaban conforme pasaban las horas.
Escobas con ritmos.La presentación se inició con las escobas. Uno de los artistas empezó a barrer y mientras barría cual “hormiguita”, creaba sonidos muy sincronizados.
A él se le unió un elenco de siete personas con sus respectivas escobas, completando así el conjunto que nos divertiría. Los chicos arrancaron con una secuencia, de barrer y golpear el piso, pero siempre el más gracioso se salía del ritmo y los demás lo miraban enojados, este incidente arrancaba carcajadas en el público.
El “show” continuó con aplausos fuertes y pisadas que hacían retumbar el escenario. Para aumentar el ritmo regaron arena en el piso, que luego recogieron con la misma sincronización.
Algunos espectadores se metieron tanto en la muestra, que empezaron a aplaudir para acompañar a los artistas, pero estos le hacían señales de que se callaran para poder continuar.
Dentro de lo simple que pueda resultar a la óptica humana, hay que reconocer que los integrantes de Stomp tienen una gran preparación tanto física como mental, ya que no es sólo sonar una lata, hay que tener estilo, conocimientos en música, baile y hasta en dominio del escenario, por ello han conquistado a los productores más exigentes de Broadway.
El grupo causó mayor impacto con los botes de basura, las tapas que utilizaban como platillos y la orquesta. Los instrumentos estaban suspendidos y para tocarlos utilizaron arnés; aún así, no perdieron el ritmo.
Cuando creíamos que un acto había terminado nos sorprendían con otro más original, como el de los periódicos, en el que sólo agitaban las páginas de los diarios y conseguían melodías.
Al final, a tan significativa presentación, el público que no les perdió ni un minuto de vista, respondió como el de Broadway, de pie y con ovaciones, dando por sentado que es un espectáculo de primer nivel.