Baleares también bucea en sus ancestros para presentar el futuro de su moda. Por eso, el grupo de baile de Sa Bodega de Eivissa abrió el acto con danza y el sonido de tambores, castañuelas y flautas. Sus trajes eran el punto de partida para los nuevos diseños exhibidos. La tradición evolucionada. A partir de ahí, la pasarela se llenó de tejidos naturales, de algodón y de seda. Brillaron la gasa, la organza, el punto y la piel. Los blancos y los crudos primaron como estrellas del Mediterráneo, aunque también hubo sitio para el negro y tonos vivos como el fucsia, el turquesa o el verde, presentes, sobre todo, en los trajes de fiesta.
El Instituto de Innovación Empresarial, los diseñadores Tolo Crespí y María Ginovart, junto al estilista Carlos Martín, concibieron el desfile como un todo. Los accesorios destacaban tanto como la ropa, ya que, se trataba de mostrar toda la producción balear en moda. Y en unas Islas famosas por su bisutería y su calzado, la moda es más que ropa.
El baile tradicional ibicenco dio paso a la primera parte del desfile.