¡Sirva por el placer de servir y no sea quejumbroso/a! El anterior sería un buen letrero para colocarle en la espalda o la frente a esa gente que hace buenas obras para lucirse ante los demás, porque quiere llenar vacíos internos o sencillamente porque no ha aprendido a sacar tiempo para sí y cree que la van a querer menos si dice que no en un momento dado.
De este tema se ocupó unos minutos la psicoterapeuta Lizeyca Villamil, quien no entiende esto de que la gente se agote haciendo cosas por los otros y sea egoísta consigo.
"Es importante el servir y el aprender a servir, pero también que la razón por la que sirvamos va a determinar cómo nos sintamos después", puntualizó y añadió que "si es para que le agradezcan después, porque en la infancia aprendió que la única manera en que era reconocida era por lo que hacía y si no hace nada siente que no sirve o que no es útil, entonces va a vivir insatisfecho/a si usted espera que lo que usted haga de alguna manera se le retribuya y por eso es que usted oye a tantos adultos con la cantaleta: "yo hago, hago y hago y nadie me agradece". Son gente que vive sirviendo pero es infeliz".
"Amarse primero a sí mismo es un sano consejo y la mayoría de las personas no se aman y están buscando que otros los amen primero. El hecho de que usted se ame a sí mismo, que saque tiempo para dormir, cuidarse, estar a solas, con Dios y con las relaciones importantes de su vida le va a preparar para estar en mejor capacidad de dar amor y atención a los demás, pero, la gente cree que amarse es sinónimo de egoísmo."
Pero, si usted vive en una actitud de disponibilidad incondicional a los demás en contra de su propia salud y bienestar, vive en una constante "emergencia", nunca se atreve a decir no, algo está funcionando mal con usted.
La psicoterapeuta dijo, además que estas personas que no saben decir no a veces son tan benevolentes y serviciales o buena gente y hacen el papel de tonto útil y están acostumbradas a un amor/amistad condicional, porque creen que si se niegan, las otras personas no la van a querer o no la van a buscar más. Tienen que definir: ¿te buscan o te quieren por ti mismo/a o para que tú le sigas resolviendo porque les resulta más cómodo, no tienen que ocuparse de pensar ni buscar soluciones por sí mismos/as porque te tienen a ti.
Casos típicos de este error de hacer de rescatadoras y proteccionistas se ven a menudo en los hogares, sobre todo por parte de las madres respecto a los hijos varones y en aquellas casas en donde hay un solo pariente, manifestó la fuente.
Dice que constantemente en las terapias se escucha hablar de fulanito que actúa en "X" o "Y" forma y ella se imagina que Pedrito tiene 5 ó 6 años y resulta que ya va por los cuarenta, pero sigue siendo el niñito indefenso para su mamita.
Además, según el análisis de la especialista, a aquella gente que se le solucionan los problemas con sólo pedirlo a la persona que no sabe o no se atreve a decir no, se le está haciendo un daño, porque se le resta la oportunidad de aprender a valerse por sí misma.
"Hay que saber que no siempre el correr ayudar a las personas es lo más indicado ni para quien ayuda ni para quien recibe la supuesta ayuda", manifestó y e invitó a repensar esto de la bonanza: ¿es necesaria, es oportuna, es lo mejor para todos/as?
Ir al rescate no siempre es lo mejor
Cuando el/la rescatador/a no está presente, la persona en apuros busca la forma de salir adelante, se ve obligada a utilizar la mente a gestionar recursos, alternativas, así pasas con los/las hijos/as, amistades, pareja. Así que, no se queme por gusto, cuando no se puede, no se puede.