Un cielo azul y el sol radiante se ciernen sobre los Montes de Judea. El resplandor del astro rey ilumina la cúpula de los templos sagrados, mientras que los peregrinos de todo el mundo se agolpan en los lugares santos. Por los alrededores de Jerusalem, nunca se deja de rezar, en pensar en Dios y en la Tierra Prometida, aquel tesoro grandioso que anunciaron los profetas por milenios.
De los sitios más fascinantes del Oriente Medio, Israel es el principal polo de interés de los visitantes. En medio de una vasta región árida y misteriosa, la denominada "Tierra de la Promesa" (ERETZ ISRAEL) es como un oasis en el desierto del Asia Occidental. El Mediterráneo baña la costa de esta nación, única por su diversidad de climas, a pesar de lo reducido del territorio. Por el este, el Valle del Río Jordán crea un paisaje especial. En el Norte, el Lago Kineret (o Mar de Galilea) se extiende en el horizonte, flanqueado por los cerros del Golán, en el fondo. Al sur, Israel tiene el Neguev, zona seca dominada por los beduinos y las arenas. Eilat, el balneario del Mar Rojo, es otro paraíso oculto después del Edén Bíblico.
El Neguev fue escenario de la historia: por el mismo pasaron los ejércitos de las potencias, las caravanas de los mercaderes, además de ser el baluarte simbólico de la resistencia judía, frente a la agresión extranjera. Masada, fortín ubicado en la cumbre de una montaña de este desierto, constituye el ejemplo del valor y coraje de la nación israelí.
Geográficamente hablando, resulta increíble pensar que Israel posea unos 27,800 kilómetros cuadrados, menos de la mitad de Panamá. Empero, la importancia histórica, política y religiosa de la Tierra Prometida es tal, que incluso influyó en la construcción de la civilización contemporánea. Es una epopeya que la misma Ciudad de Jerusalem cuenta en sus viejas puertas y derruidas paredes. Es el lugar santo por excelencia, la encrucijada de los imperios mundiales y el centro de peregrinación de las tres religiones monoteístas: el Cristianismo, el Islamismo y el Judaísmo.
Los hermosos parajes que ofrece la Ciudad Santa, su atmósfera particular que nos hace recordar los capítulos de la Redención, las parábolas del Mesías y las leyendas sobre los trágicos momentos de la Etapa Judía durante el dominio romano, envuelven a los hombres en una experiencia conmovedora.
Según nos dicen los panameños que viajan a esta tierra sin igual, resulta inolvidable efectuar una caminata por las murallas del Siglo XVI que rodean la Ciudad Vieja, junto con la visita al denominado "Muro de los Lamentos" o Muralla Occidental, puntos clave de la identidad nacional del pueblo judío. Para el Cristianismo, una gran cantidad de lugares Santos también atrae la atención del público.
El Santo Sepulcro, la Vía Dolorosa y sus Estaciones, además de la pequeña ciudad de Belén (el sitio donde ocurrió el Nacimiento de Jesucristo), añaden nuevas dimensiones a la experiencia humana.
Frente al Mediterráneo, se encuentra Tel Aviv-Jaffa, la gran urbe costera y centro turístico de Israel. Comercios e industrias predominan en esta zona, la cual muchos consideran el brazo fuerte de la pujanza del pueblo judío.
Bordeando las playas arenosas del Mare Nostrum, se llega a Haifa, el puerto más importante del Estado Hebreo. Entrada y salida de mercaderías de la región septentrional del pequeño país.
El final del presente siglo y la llegada de un nuevo milenio han colocado a Israel, en un puesto esencial para consolidar las relaciones internacionales, aparte de unificar la integración de las culturas y religiones del mundo.
Tan sólo hace pocos años, la Ciudad de Jerusalem celebró sus Tres Mil Años de existencia. La Ciudad Santa fue conquistada por el mítico Rey David, el monarca al cual Dios le otorga el honor de fundar la nación que hoy conocemos como Israel.