Para su Primer Concierto de Abono del último año del siglo XX, la benemérita Asociación Nacional de Conciertos, con el auspicio de la Embajada de los Estados Unidos de América, nos ofrecieron increíble recital -violín y piano- que, curiosamente, a pesar de conmemorar los 250 años del óbito de aquél gran músico, J.S. Bach, los recitalistas no incluyeron ninguna página del creador del Clave bien temperado.
La joven solista, Judith Ingolfsson, ganadora de importantes competencias internacionales y su excelente acompañante, pianista Brian Zeger, nos hicieron pasar dos horas inefables.
Abrióse el recital con la Sonata No.8 en Sol Mayor, Op.30, No.3, de L. v. Beethoven (1770-1827). Para algunos, dicha sonata está catalogada como "pequeña sonata en Sol Mayor". No obstante en nuestra humilde opinión, todas las Sonatas de Beethoven -10 para violín y piano- son grandes; desde la Primera Sonata, pasando por la 5ª. (Primavera), sexta, séptima y octava, que fueron dedicadas (1802) al Emperador Alejandro I de Rusia, la novena (esta última conocida como Sonata a Kreutzer), incluso la Sonata décima, que es poco tocada, son grandes Conciertos de piano con "violín obligado" y, hablando de violín, Judith Ingolfsson ejecutó con maestría virtuosistica la nada fácil sonata. Judith Ingolfsson posee, además de la sensibilidad femenina, lo que pudimos constatar en su cálido sonido (Schoen Rosmarin, Caprice Viennois, Liebesfreud, obras con que cerraron su recital), la potencia sonora que, generalmente atribuyese al hombre. Estas dos cualidades unidas en la joven Judith Ingolfsson dieron por resultado la óptima intérprete que es. Todo lo dicho pudimos apreciarlo en la difícil Sonata No.3 en Re menor de Johannes Brahms (1833-97).
Seguidamente, escuchamos del compositor belga Eugene Ysaye (1858-1931), Sonata No.6 para Violín solo. Siendo su autor virtuoso violinista, volcó en su instrumento toda clase de dificultades inherentes a la ejecución. Judith Ingolfsson puso de manifiesto en esta obra, su masculino sonido en el que "envolvió" al público presente.
Después escuchamos de Ned Rorem (1923-), Música de Otoño, partitura creada como prueba para la Competencia Internacional de Violín de Indianápolis, E.U, la cual está plagada de complicaciones técnicas: octavas simples y digitadas, décimas, dobles cuerdas en terceras, cuartas y sextas, arpegios de dos octavas en una sola cuerda... las que sonaron muy bien afinadas. Potencia y a la vez dulzura de sonido, nítido mecanismo digital, donde las notas se desgranaban como perlas de las manos de esta prodigiosa violinista, Judith Ingolfsson.
Salvo la Sonata para Violín Solo de E. Ysaye, donde la solista prescindió del piano, todo el recital estuvo acompañada por el excelente pianista Brian Zeger; magnífico acompañante, con suficiente fuerza en los ataques sin sobrepasar al solista y, suavidad aterciopelada en el diálogo instrumental, como en las obras del compositor vienes Fritz Kreisler (1875-1962), con las que cerraron el extraordinario recital.
La sala del teatro, abarrotada de selecto y educado público, aplaudió con calor todas y cada una de las obras ejecutadas, donde entre los asistentes pudimos apreciar en primera fila al señor Frederich Becher, Ministro Consejero de la Embajada de los Estados Unidos de América, así como su director, Joao Eosodi y al Agregado Cultural, Morgan Liddich.