Con motivo de celebrarse hoy martes 24 de octubre el Día de las Naciones Unidas, publicamos a continuación el mensaje que el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, envía a la comunidad internacional.
Queridos amigos:
Hace siete semanas vuestros dirigentes, Jefes de Estado y de gobierno de todas las partes del mundo, se reunieron en Nueva York para la Cumbre del Milenio. Se reunieron para examinar los retos que tenemos ante nosotros en el nuevo siglo y formularon sus objetivos en una Declaración del Milenio.
Se comprometieron a liberar a sus pueblos del flagelo de la guerra, de la pobreza horrible y deshumanizadora y de la amenaza de vivir en un planeta contaminado donde quedan pocos recursos naturales. Prometieron fomentar la democracia y el estado de derecho, proteger a los niños y a otros grupos vulnerables y atender a las necesidades especiales de Africa. Además, dieron la palabra de hacer las Naciones Unidas más eficaces como instrumento para perseguir todos esos fines.
Esas promesas nos hacen tener esperanza, pero nada cambiarán si no van seguidas de actos. Poco después de la Cumbre del Milenio, el nuevo derramamiento de sangre en el Oriente Medio nos ha recordado lo peligroso que es dejar sin resolver los problemas políticos y sociales.
Por esta razón, mientras estoy con otras personas luchando porque se reanude el proceso de paz en Oriente Medio, mis colegas en las Naciones Unidas han estado trabajando duramente en la elaboración de planes detallados que nos permitirán ayudar a los dirigentes mundiales a cumplir sus promesas.
Sin embargo, la responsabilidad más grande recae sobre los propios dirigentes y sobre vosotros, los pueblos.
Los dirigentes nacionales deben adoptar decisiones difíciles y a veces impopulares. Deben tener presentes las prioridades que han establecido en la Declaración del Milenio a la hora de distribuir entre las necesidades y exigencias, todas apremiantes, los recursos que vosotros, los pueblos, les habéis confiado.
Deben tener presentes las promesas que se han hecho mutuamente. Deben seguir trabajando juntos y también con otros asociados en sus países y fuera de ellos: los parlamentos, las autoridades locales, los centros de estudio, los grupos de voluntarios y las empresas privadas.
En una palabra, necesitan mostrar sus cualidades de dirigentes y necesitan de vuestro apoyo, del apoyo de los pueblos de las Naciones Unidas.
La Carta se escribió en vuestro nombre y vuestros líderes hablaron por vosotros cuando emitieron la Declaración del Milenio. En última instancia, sólo vosotros podéis lograr que la Declaración sea algo más que bonitas palabras. Os corresponde a vosotros ver cumplidas las promesas y, con ello, hacer que el nuevo siglo sea mejor que el anterior.
Trabajando juntos podemos lograrlo. Lo que necesitamos es valor, imaginación y perseverancia. Hagamos votos por encontrarlos.