La adolescencia es un momento crucial en la vida del hombre y constituye la etapa decisiva de un proceso de desprendimiento que comienza con el nacimiento.
Los cambios psicológicos que se producen en este período y que son el correlato de los cambios corporales, llevan a una nueva relación con los padres y con el mundo. Entrar en el mundo de los adultos significa para el adolescente, la pérdida definitiva de su condición de niño: el cuerpo del niño, la identidad infantil y la relación con los padres de la infancia. Es un período que fluctúa entre la dependencia y la independencia extremas, lo que lo hace un período de contradicciones, confuso, ambivalente y doloroso, caracterizado por fricciones con el medio familiar y social.
Estos cambios, en los que se pierden la identidad de niño, implican la búsqueda de una nueva identidad que se va construyendo en un plano consciente e inconsciente. Y, no sólo los adolescentes padecen este largo proceso sino que los padres tienen dificultades para aceptar el crecimiento a consecuencia del sentimiento de rechazo que se experimenta frente a la libre expresión de la personalidad que surge de ella. El adolescente provoca una verdadera revolución en su medio familiar y social y esto crea un problema generacional no siempre bien resuelto. Ocurre también que los padres necesitan, además hacer el duelo por el hijo pequeño y por su relación de dependencia infantil. Ahora, son juzgados por sus hijos, y la rebeldía y el enfrentamiento son más dolorosos si el adulto no tiene consciente sus problemas frente al adolescente. Los padres deben desprenderse del niño y evolucionar hacia una relación con el hijo adulto, lo que impone muchas renuncias de su parte porque se ve enfrentado con la aceptación del devenir, del envejecimiento y de la muerte. Ahora, ya no podrá funcionar como líder o ídolo y deberá, en cambio, aceptar una relación llena de ambivalencias y críticas. El desprecio que el adolescente muestra frente al adulto es, en parte, una defensa para eludir la depresión que le impone el desprendimiento, pero es también un juicio de valor que debe respetarse.
Además, la desidealización de las figuras parentales los sume en el más profundo desamparo. Sin embargo, este dolor es poco percibido por los padres que suelen encerrarse en una actitud de resentimiento y refuerzo de la autoridad, actitud que hace aún más difícil este proceso. El adulto se aferra a su mundo de valores y el adolescente defiende sus valores y desprecia los que quiere imponerle el adulto, más aún, lo siente como una trampa de la que necesita escapar.
El adolescente siente que debe planificar su vida, controlar los cambios; necesita adaptar el mundo externo a sus necesidades, lo que explica sus deseos y necesidad de reformas sociales buscando la solución teórica a todos los problemas trascendentes y de aquellos a los que se verá enfrentado a corto plazo: el amor, la libertad, el matrimonio, la paternidad, la educación, la filosofía y la religión. La inserción en el mundo social del adulto es lo que va definiendo su personalidad y su ideología. Para hacer estos tanteos es necesario dar libertad y para ello hay dos caminos: dar una libertad sin límites, que es lo mismo que abandonar a los hijos; o dar una libertad con límites, que impone cuidados, cautela, observación, contacto afectivo permanente, diálogo, para ir siguiendo paso a paso con la evolución de las necesidades y de los cambios en el hijo.
El sufrimiento, la contradicción, la confusión, los trastornos son de este modo inevitables; pueden ser transitorios, pueden ser elaborables, pero debemos plantearnos si gran parte de su dolor no podría ser mitigado cambiando estructuras familiares y sociales.
La adolescencia es entonces un momento crucial en la vida del hombre y necesita una libertad adecuada con la seguridad de normas que le vayan ayudando a adaptarse a sus necesidades o a modificarlas, sin entrar en conflictos graves consigo mismo, con su ambiente y con la sociedad.
La adolescencia normal
Es una época emocionalmente agresiva plagada de frecuentes enfrentamientos entre unos y otros.