Egipto reabrió oficialmente ayer uno de los primeros y más famosos centros de aprendizaje de la historia de la humanidad: la biblioteca de Alejandría, cuyas antiguas raíces se remontan a más de 2.000 años atrás. El presidente egipcio, Hosni Mubarak, y unos 3,000 dignatarios de todo el mundo, entre ellos el presidente francés Jacques Chirac, el presidente italiano Carlo Ciampi y el de Grecia Costis Stephanopoulos, asistieron a la ceremonia de reinauguración.
La llamada "Biblioteca Alejandrina" refleja todas las ambiciones de un atrevido proyecto de 20 años que costó 200 millones de dólares con respaldo de Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y numerosos países.
El edificio de 11 pisos, en el lugar donde los estudiosos creen se erigió la antigua biblioteca antes de que fuese destruida hace unos 1.600 años, emerge del terreno como un disco gigante inclinado 20 grados al norte, hacia el Mediterráneo, y forma una imagen espectacular cuando se alinea con el Sol.
Su lado sur, una pared de granito sin ventanas que lleva grabadas las letras de la mayoría de los alfabetos del mundo, es un compromiso silencioso para promover la diversidad, la cultura y el aprendizaje sin restricciones.
La polémica ha acosado al proyecto desde el comienzo, y ha habido desde quejas de que valiosas antigüedades de la ciudad original griega de Alejandría fueron destruidas en la construcción, hasta críticas de que representaba un proyecto costoso que en sí mismo hacía poco por mejorar la educación en un país de 68 millones de personas.
Pero los avances tecnológicos han ofrecido a la biblioteca una tremenda ayuda en la ardua tarea de recoger una colección que busca igualar a las mayores bibliotecas del mundo.
El objetivo inicial, de ocho millones de libros, ha sido sustituido por un nuevo enfoque de crear una ciberbiblioteca, dijo su director, Ismail Serageldin.