Hasta un “buen ladrón” como se le conoce a San Dimas, uno de los hombres que crucificaron junto a Jesús, logró la gracia con Dios en el mismo instante en que su actitud y convicciones cambiaron.
Así como Dimas tuvo su oportunidad para llegar a esa divinidad, todos los hombres lo pueden hacer y eso es precisamente lo que nos muestra el documental “La última cima”, un filme que ha revolucionado el mundo.
Su autor, Juan Manuel Cotelo, quien recibió todos los sacramentos de la iglesia y cumplió con cada requisito sólo por cumplir, asegura que hasta hace dos años mantenía una relación muy distante con la iglesia, pero tras conocer la historia del sacerdote Pablo Domínguez, cambió por completo.
La primera vez que presentaron la cinta fue en España y se mantuvo por cinco meses en cartelera, la sacaron de los cines, y la volvieron a poner a petición del público.
“Digamos que partiendo de cuatro copias en un país, sin publicidad, eso está fuera de toda la lógica del mercado, porque es un documental y a la gente ni le gusta ver documentales, yo diría que el 95% de los espectadores que han ido a verla jamás han entrado al cine a ver documentales”, dice Cotelo.
Es tal el impacto que crea la producción tanto en los creyentes como en los no creyentes, que los comentarios en la Web no son si la cinta es bonita o que tiene buena música, sino testimonios de Dios. “Dicen: “Salí del cine y me fui a ver a mi padre con quien no hablaba desde hace 16 años”.
También hay mujeres que han abortado y que le piden a Cotelo, las ponga en contacto con algún sacerdote. Incluso están aquellos sacerdotes que han dejado la profesión y luego de ver la cinta se vuelven a alistar.
En fin, son tantas las historias, que necesitaríamos el doble de espacio para contarlas. Lo que sí les podemos asegurar es que Pablo Domínguez, el personaje de esta historia, decidió que quería morir joven, pero antes se trazó la meta de subir a todas las montañas españolas y decidió en cuál de ellas quería morir.
Domínguez era un hombre muy bondadoso, tal y como lo describen. Buen compañero, amigo, sacerdote. Jamás se resistió a algo y por donde pudo, ayudó a cuantos se le cruzaron en su camino. Hoy, su historia recogida por Cotelo se ha convertido en un ejemplo de que cada persona puede lograr la bondad y que Dios está en cada uno de nosotros, porque el plan del Creador es perfecto.
“El mensaje es que yo también puedo ser así, porque él fue una persona normal, las cosas se van logrando de a poco, no de un día para el otro”, finalizó el director y guionista.