Parece que sobre este punto hay ideas muy claras. La costumbre es la de que el hombre tenga más edad que la mujer al momento de una relación en la que se involucran elementos de tipo emocional, y que tenga que favorecer la comunicación del afecto y la expresión de emociones y sentimientos.
Si nos atenemos a la rapidez con la que se producen los cambios sociales y a las diferencias que se presentan en la actualidad entre cada generación, juzgamos que funciona mejor una relación de pareja en la que él no sea mucho mayor que ella, y ella, no mucho mayor que él.
Entre una generación y la otra, hay cambios que pueden incidir en la vida de pareja. Los motivos de discrepancia pueden ser mayores en cuanto a actitudes, creencias y en los gustos. Entonces, bajo esta perspectiva parece conveniente que en una pareja no haya mucha diferencia de edades. Pero, veamos cuando se da lo contrario.
Para tener una relación afortunada entre un hombre y una mujer, se debe tener la suficiente madurez para ello. Pero, ¿qué quiere decir "tener madurez" y cómo sé yo si mi pareja goza o carece de ella? En primer lugar, hay que tener en cuenta que la madurez no es un dato, sino una tarea; o sea, hay que alcanzar la madurez plenamente. En segundo lugar, está comprobado que el ser humano no logra la madurez en todos los campos simultáneamente. Hay individuos de edad avanzada que carecen de evolución síquica para poder afirmar que dispone de una madurez satisfactoria.
"En el amor verdadero y auténtico no debe existir barrera alguna", frase trillada, pero conveniente cuando no lastime a terceros, ni a la condición humana de las personas involucradas. La calentura no está en las sábanas cuando la estabilidad de la pareja depende mucho más de su estructura interior que de los refuerzos exteriores. Esa estructura interior es la que llamamos el lazo conyugal. El verdadero lazo conyugal no puede subsistir a menos que en todo momento se adapten unas a otras las necesidades y las aspiraciones de cada pareja, sus expectativas sobre todo, incluyendo las inconscientes, las cuales, si bien es cierto que se esconden a la observación reflexiva, no se escapan a las reacciones instintivas del ser humano.
Como expresamos al inicio, lo normal es que la actividad conyugal y sexual de una pareja se realice en concordancia con la edad, sus expectativas, actitudes, madurez emocional, expresión de sentimientos, creencias y gustos. Según la sociedad nuestra, represora y alienante muchas veces, y el nivel cultural y de autoestima del hombre y la mujer, incluyendo la experiencia erótica, será vivida de una u otra forma si se liberan de una serie de limitaciones cuando se siente que pierden su posición en una sociedad orientada hacia los valores de la juventud.
Para la mujer occidental le resulta más difícil tener una relación de intimidad con una persona mucho más joven y viceversa. Uno de los motivos es la exaltación que la sociedad actual hace de la juventud, su fuerza y su vigor; y, por los trastornos generales de la salud que pueden dificultar o inhibir su vida sexual.
En el hombre de edad avanzada la situación es otra. Cuando se dirige hacia la estallante juventud femenina, se mostrará más motivado, seguro, y despiertan sentimientos gratificantes en su autoestima.
Es imprescindible hacer esta observación. El hombre y la mujer después de los 60 años, debe cuidar su respuesta sexual. No vaya hacer que le salga la "empleada respondona". Me refiero a que si mantiene una actividad sexual con una persona mucho más joven, ésta va a responder con apasionamiento, intensidad y placer sofisticado. ¡Ojo! "no convierta el lecho de intimidad en su lecho de muerte".
Comparemos la reacción de un hombre y una mujer cuando media la diferencias de edades y la aproximación entre ambos. Para ilustrarlo, utilizaré a Ernesto de 57 años, casado, y profesor titular universitario. Cristina de 20, es alumna de su cátedra. Ella es muy agraciada y despierta; sin ser hermosa tiene un don especial de seducción que ella no desconoce. Desde la primera clase experimentó una secreta admiración por su profesor, de quién se sintió atraída. Con el paso del tiempo las relaciones entre ambos se comenzaron a estrechar. Cristina no perdía la oportunidad de hacerse notar ante él, situación que lo llevó a él a fijarse en ella.
Cristina sentía por él un amor apasionado e intenso que le hacía olvidar los obstáculos que se oponían a su relación. Le importaba poco el matrimonio de Ernesto y los rumores que circundaban en los pasillos de la universidad. Ernesto experimentaba con ella una serie de sensaciones placenteras que en la relación con su esposa no tenía. La historia termina cuando Cristina se atrevió a sugerirle a Ernesto la posibilidad de irse a vivir juntos. Él la hirió al contestarle que si acaso creía que iba a dejar su hogar, sus hijos y su carrera por ella. Fue entonces, cuando se da cuenta que él estaba jugando con ella.
Con esta ilustración, habría que aceptar que lo que para él era todavía un juego, para su joven alumna fue algo serio y sublime. Y esto no es porque los hombres sean malos o porque las mujeres en plena juventud sean capaces de cualquier locura; sino, porque la estructura psicológica de unos y otros es distinta, y por tanto, sus reacciones ante el amor son diferentes. Los y las jóvenes lo hacen con entrega sin reservas, dejándose invadir por todas las áreas de su personalidad. En cambio, el hombre y la mujer de edad madura actúan dentro de los compartimentos que dividen su ser, hasta el punto de que la relación afectiva central la puedan mantener más o menos intacta mientras sostienen otras sensuales o sentimentales que solamente satisfacen su necesidad de descanso o de placer; los que son simples "juegos eróticos" para ellos, son verdaderas relaciones amorosas para otros.
No le conviene, entonces, a una persona madura ya sea casada o no, iniciar --así sea como distracción- relaciones amorosas, no solo porque falta a la fidelidad y que puede incurrir en adulterio, lastimando a terceros, sino porque está jugando con armas disímiles, si se tiene en cuenta su propia psicología.
Pregunta: Me he jubilado hace poco, y he renovado mi interés por las relaciones sexuales. ¿Es esto normal?
Respuesta: Claro que sí. Está comprobado que el stress del trabajo, estimula el desinterés sexual. Ahora tiene usted más tiempo para estar con su pareja. Esto contribuye a una mayor relajación, ternura y placer en todas las formas del contacto íntimo del cuerpo.
Pregunta: ¿Cambia la respuesta sexual con la edad?
Respuesta: ¡Jamás! La edad no es nunca, causa de la desaparición de la capacidad sexual en el hombre y la mujer. Con la edad, sí se producen una serie de variaciones en la respuesta sexual que toda persona debe conocer y tener en cuenta, sobre todo, si uno de los dos es mucho más joven.
(*)Psicóloga y sexóloga.
(gemiliani@cwpanama.net)