Jamás se lo perdonará. Sufrirá en silencio su cobardía. El haber dejado que los demás decidan por él. Pero, el tiempo será su aliado. Quedarán sólo recuerdos.
Amor endeble el de Tom, de poco peso, aplastado por el temor e inseguridad.
Él se convirtió en un juguete de sus “amigos”. Él, que era un “ganador”, pasó a ser un “perdedor”. Según los dictámenes sociales. Se dejó arrastrar por la presión de grupo. No supo defender sus convicciones ni sentimientos. Ahora será un infeliz más, pero no será señalado. Renunciar al verdadero amor fue un caro precio que pagó e hizo pagar a Elena, una mujer bonita...pero gorda, como le echarían en cara, cual si fuera un reclamo o una decisión errónea el haberse fijado él en ella.
Tal cual lo refleja la obra, la sociedad es cruel con las personas que tienen libras de más, ya sea por un problema metabólico, por descuido, por falta de atención a su salud...
Esas personas, más todavía si son mujeres, pareciera que tuvieran que pedirle perdón a la sociedad por existir, por enamorarse, por tener sueños, por ser felices, por triunfar.
Elena (Any Tovar) creyó que su estrella había cambiado. No, la oscuridad era lo suyo. La luz, brillar, ser amada le estaba vedado. Tenía que aliviar el equipaje corporal. Sentirse cómoda consigo no era suficiente.
¿Quién dijo que las reglas del juego son justas? No no lo son. Saberlo ayuda. Ayuda a evitar sufrimiento. Ayuda a evitar autoengañarse. Eso fue lo que aprendió Elena. Con el auxilio de una Jeanne (Yescenia Navarro) y un Carter (Luis Gustavo Macías) que no se ahorraron ninguna onza de malevolencia. La hicieron foco de sus chistes de mal gusto. Sazonados con ironía.
Se gozaron mofándose de ella y haciendo sentir mal a Tom (Gustavo Goncalves) por haberse enamorado de ella.
Especialmente Carter disfrutaba hurgando en la herida.
Y Jeanne no le perdonaba a Tom que la hubiese cambiado a ella, una especie de “barbie”, una triunfadora, por “esa gorda”, para la cual reservó los más duros epítetos.
Qué ironía. Hallar el amor para dejarlo morir en la cuna, por cobardía. La de Tom.
Qué cómodo él. No arriesgaba nada. Se dejó llevar por la corriente. Ahogó sus sentimientos. Al menos, al final aceptó su cobardía y fue sincero.
Quizás Elena cicatrizaría las heridas. Sería duro, pero, volvería a poner los pies sobre la tierra y se percataría de que el camino para ella no estaría empedrado de flores.