Creer que la mayoría de las obras escritas por un premio Nobel de Literatura son buenas es más que un ideal, peor aún cuando se inicia a leer la obra cumbre del premiado y luego se urga en las primeras producciones.
Pamuk en "La casa del silencio" experimenta la técnica narrativa del yo (primera persona de todos los personajes). En más de trescientas páginas y con un abanico de personajes, de edades distintas, navega en casi un siglo de hechos que marcaron la vida de las personas que fueron testigos.
El lector puede seguir el rastro de los personajes más estimulantes, y puede también saltar los que considere muy fríos o con demasiadas páginas.
La brecha entre este Pamuk y el de hoy son muy marcadas.