¡Qué sueño! y no lo digo por los soñadores de la tercera temporada de Bailando por un sueño, sino por el aburrimiento maratónico en que se convirtió el concurso.
Primero, quiero preguntar para qué contrataron a tantos presentadores. Con el dinero que le están pagando (que no debe ser nada bajo), ya hubieran realizado más de la mitad de los sueños.
Por otro lado, hablemos de la inaguantable selección de los jurados, quienes no aportaban nada y para colmo, se aparecen con Rossana Uribe, que es una excelente artista, pero que otorga más aburrimiento al asunto.
Hablemos también de la cantidad de pasillos que se inventaron este año y la manera absurda de promover a los patrocinadores. Lo del puente fue el colmo y la bebida energizante hubiera sido perfecta para los televidentes que tuvieron que soportar las equivocaciones de Karen, el hastío de Vicente Tepedino, los chistes fuera de tono de Nelson y las preguntas aéreas de Lily Vargas en un show que empezó el lunes y se acabó el martes. Eso sí, quiero felicitar a Harry Potter, que se ha convertido en la tabla de salvación para los canales, cada vez que la comptencia aparece con un proyecto.