Hablar por hablar. Eso fue lo que hizo la mayoría de los periodistas de la televisión que cubría los actos relacionados con la toma de posesión de Ricardo Martinelli.
Los presentadores les daban el pase y al verse en el aire, así quedaban, en el aire. Repetían una y otra vez lo mismo.
Desorientados, desarticulados, como pez fuera del agua, descoordinados. Así lucieron.
Aburrían, se tornaron tediosos, repetitivos, insustanciales.
Como no tenían nada que reportar, cuando hacían una entrevista abusaban del: “en exclusiva”.
Una de las víctimas de esta nerviosa y accidentada cobertura fue el derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya. Le dispararon mil preguntas y, cuando el señor iba a responder, le lanzaron mil más. Fue un caos. ¡Lo dejaron turulato!
Pero turulata quedé yo cuando vi en las pantallas de Telemetro a Kendal Royo, quien al parecer se aprendió la palabra “quinquenio” en la noche y la repitió cuantas veces le dio la gana. Estaba como “perdío”.
Vivian Pineda estaba sofocada por el calor y luchaba por mantener su melena estática. José Garibaldi, pese al calor, no se quitó el saco. No quiero ni pensar a qué olía la camisa. A Álex Medela lo dejaron con la palabra en la boca. José Ricardo Muñoz no corría, pero tenía un puesto estratégico y conseguía sus entrevistas y, como siempre, Luis Casís, enreda’o hasta con su nombre.