El caché llegó a Código 4 y entró de la mano de Caroline Schmidt. Muy propia, impecable, sin cantaditos ni frases ridículas, con su sola presencia un programa chabacano y de mal gusto se convirtió en uno serio y responsable.
No hubo equivocaciones, ni escotes ni mucho menos caderas apretadas. Tampoco hubo regaños tras las cámaras ni tomas improvisadas. Se nota que Caroline se preparó, y Grettel Méndez tuvo que seguirla. Esta última abandonó las minifaldas y se despidió del “cantadito tipo Susan Elizabeth”, el cual era tan desagradable que rayaba en lo ridículo.
No quiero decir con esto que todo es color de rosa. Cierto es que Schmidt luce más profesional, pero el cambio debería ser completo, los reportajes siguen siendo insensatos, desfachatados, con poco o nada de contenido. Ya es hora de que la brujería, los travestis, los sex shop, los batidos potentes y los extraterrestres pasen al baúl de los recuerdos como sucedió con Susan.
Espero que la rubia no se contamine como le sucedió a Grettel, quien al final parecía un clon de la Castillo.