A los italianos se les identifica con las pastas, a los argentinos con las carnes, a los estadounidenses con la comida rápida. A los panameños con el sancocho, el tamal, el guacho, el plátano.
Las papas y el arroz, la tortilla y la carne también ocupan un importante lugar en la dieta del panameño. Pero, al señor plátano nadie le va a quitar ese lugar privilegiado en la mesa del panameño: sea en el desayuno, el almuerzo, la cena, como plato principal, como acompañante, en bebidas, en postres...
¿Será por eso que el historiador Alfredo Castillero Calvo le dedica un capítulo del libro de casi 400 páginas al plátano?
“Cultura alimentaria y globalización, Panamá, Siglos XV-XXI”, fue presentado en el Hotel Sheraton Convention Center la noche del pasado martes 9 de marzo. Fue una gala donde una selecta concurrencia pudo hacer un recorrido, de la mano del Dr. Alfredo Castillero Calvo, ayudado por el presentador de la obra, el Ing. Rodrigo Tarté, por la historia de los hábitos alimentarios del panameño.
El libro lo escribió el Dr. Alfredo Castillero Calvo, a solicitud de Cristina y Nicolás Liakópulos Falcón, como homenaje a sus padres y a la celebración de los 25 años de fundación de Niko´s Café.
“Esta invitación me llegaba como miel sobre hojuelas, ya que difícilmente podía encontrar una oportunidad más deseada. Su visita se produjo a principios del año 2008 y Cristina y Niko esperaban que entregara la obra en un año o cosa así. El plazo era un reto perentorio...” expresó el afamado historiador, quien antes había explicado al público que su interés por la historia alimentaria data de hace casi 30 años, puesto que estaba convencido de que a raíz de la llegada de los europeos a América se produjo una revolución ecológica mundial.
Como “la obra mejor diseñada y escrita que yo he visto en Panamá” describió al libro el Dr. Rodrigo Tarté, quien informó que ésta tiene 364 referencias, 19 capítulos y es “más que una historia sociocultural de la alimentación en Panamá”.
Los páramos que pasaron los colonizadores para alimentarse, la manera en que introdujeron plantas y animales de Europa, la resistencia de los moradores del Viejo Continente para aceptar las plantas oriundas del Nuevo Mundo a las que a diferencia, China recibió desde mediados del Siglo XVI con los brazos abiertos, dedica Alfredo Castillero Calvo dos capítulos en la primera parte del libro, que culmina con la revolución biotecnológica, “que multiplica exponencialmente los rendimientos agrícolas”, en una nación de economía terciaria cuya columna vertebral es el Canal de Panamá.