Dato
- Son chicos que han venido de menos a más, jugaban en canchas improvisadas en sus barrios, hoy son para muchos panameños motivo de orgullo.
- Sus esposas comparten los triunfos y las derrotas, pero también son el apoyo.
El nombre de futbolistas panameños es sonado en importantes clubes de diversos países del mundo; sin embargo, ellos deben lidiar con una cruda realidad: alejarse de sus seres queridos para seguir acariciando el éxito.
Pero más allá de lo que los distingue, su desempeño en el terreno de juego, son el objetivo de una fanaticada especial: las féminas, quienes desde su óptica saben sacarle tarjeta amarilla o roja, dependiendo de su físico.

Varios tienen su familia ya hecha, algunos viven con sus padres y otros apenas inician una relación sentimental. Pero, ¿cómo, por ejemplo, las esposas de estos titanes de la cancha logran mantener estable su relación de pareja a pesar de que existe una tentación en las gradas? El secreto está en la confianza, coincidieron algunas de las entrevistadas. Además, disfrutar al máximo cada instante, en especial si es poco el tiempo del que disponen estos panameños, que muchas veces cuando las “cosas” no salen bien en el terreno de juego, son criticados.
Ingrid González, esposa de Gabriel Gómez, comentó que no hay obstáculos para llevar una relación hermosa siempre y cuando haya amor.

Sin embargo, más allá de lo que pueda significar un problema, los detalles también cuentan porque se reviven esos primeros días del florecimiento del amor, que los llevó a formar un hogar.
Hay que eliminar las barreras y aplicar tácticas para que la pasión siga ganando terreno.
Aunque, lo curioso, según varios casos conocidos, es que en la mayoría de las veces las parejas que por sus profesiones deben permanecer cierto tiempo distanciadas, la unión resulta más fuerte, pero se dan excepciones en las que hombres y mujeres realizan varias actividades juntos, y viven la pasión como la primera vez, por lo que todo dependerá del tipo de convivencia y el deseo que ambos se tengan.
Finalmente, hay que considerar que la distancia no siempre es el olvido.