Emergiendo de los andamios y empalizadas que la ocultaban desde hace un año durante las importantes obras de la renovación, la fachada principal del Palacio Garnier, la Opera de París, ha recobrado su esplendor primitivo, en un centelleo deslumbrador de oros, de mármoles con sus colores naturales, de mosaicos coruscantes y de estatuas minuciosamente decapadas, restauradas y patinadas.
Las más célebres de estas estatuas, los dos grupos de las Famas, la Armonía y la Poesía, de siete metros de altura, recuperan su impulso ascensional, después de ser transportadas para una delicada operación de limpieza, reinstaladas en la cúspide del edificio y finalmente redoradas allí mismo.
Para llevar a cabo esta espectacular renovación de la fachada sur de la Opera tuvieron que intervenir profesionales de no menos de 25 oficios y artesanías artísticas: canteros, techadores, marmolistas, doradores, carpinteros, escultores, restauradores de mosaicos, etc. Una de las mayores dificultades de la operación consistía en adaptar las diversas pericias a la gran variedad de los 36 tipos de materiales presentes en la fachada: las piedras calcáreas, por, provienen de seis canteras diferentes, cada una de ellas su dureza y sus cualidades particulares; y otros cuatro tipos de piedra se emplearon en las esculturas, limpiadas mediante microabrasión y tratamiento con láser.
Charles Garnier, el arquitecto de 35 años, totalmente desconocido en 1861 cuando se realizó el concurso para la construcción de la ópera, había recorrido toda Europa para encontrar los más hermosos mármoles, seleccionando finalmente diez variedades. En la policromía restablecida de la fachada renovada, éstos resplandecen, revelando una asombrosa variedad de colores: verde de Suecia, azul veteado de blanco, flor de melocotón, rojo real de Bélgica, sin contar las matices del sarrancolin, un tipo de mármol violáceo veteado de gris, proveniente de los Pirineos y característico de la Opera de París. Para reemplazar alguno de esos mármoles, rotos o erosionados, en vista de que las canteras de donde se extrajeron ya no existen, hubo que encontrar mármoles de aspecto semejante. También primó la búsqueda de la autenticidad en la restauración de los mosaicos de Venecia, algunos de los cuales habían perdido sus láminas de oro: se fabricaron nuevas telas en Italia y fueron recortadas idénticamente por la empresa familiar que había elegido Charles Garnier. La renovación de la fachada ha deparado varias sorpresas a los parisienses y a los numerosos visitantes de la Ciudad Luz , que no acaban de maravillarse al redescubrir, después de tantos años de grisalla, los fastos primigenios de un edificio tan deteriorado por la contaminación y por los ultrajes de tiempo. El oro está presente en todas partes, hasta el punto de que algunos lo encuentran demasiado deslumbrantes; pero va a patinarse.. y hay que saber que Garnier, según se ha descubierto en sus notas, minuciosamente escritas y conservadas, habría querido dorar la cúpula entera... Dorados, pues, los nueve bustos de compositores y libretistas, desde Mozar hasta Scribe, pasando por Beethoven, Rossini y Halévy, que han emergido de las capas de polvo. Doradas, también, las 62 máscaras de teatro que adornan la cornisa superior alrededor del edificio. Dorados, los capiteles de las dieciséis grandes columnas de mármol de la logia del primer piso; y dorados asimismo, conforme a los deseos de Garnier, elementos de los grupos es esculturas que representan "la Escultura y la Pintura", "La Arquitectura y la Industria", y las puntas de las rejas de entrada del edificio.
Novedad: han aparecido los monogramas de Napoleón III Emperador (N y E alternadas), dorados sobre fondo de mármoles de color, Garnier los había ocultado discretamente para la inauguración de la Opera en 1875, después de la caída del Imperio, por el mariscal Mac-Mahon, entonces presidente de la República.
La construcción de la Opera Nacional de París, emprendida en 1863 y acabada sólo en 1878, fue bastante accidentada: abundaron los incidentes y los problemas técnicos y financieros. Además, quedó interrumpida durante varios años por la guerra de 1870 y las jornadas sangrientas de la Comuna. Catalogado monumento histórico en 1923, la Opera ha sido objeto de varias campañas de restauración exterior e interior, la más reciente de las cuales, en 1994-1995, permitió la renovación de la sala de espectáculos y la refacción de la caja del escenario, climatizadas y adaptadas a las normas de seguridad, y la limpieza de la célebre pintura del techo realizada por Marc Chagall en 1964. En este mismo año, el famoso grupo de La Danza, de Carpeaux, gravemente deteriorado por la contaminación, había debido retirarse para ser reemplazado por una copia realizada por el escultor Paul Belmondo (padre del actor), que también acaba de ser limpiada. El original de La Danza se encuentra actualmente en el Museo de Orsay.
Uno de los grandes logros de la "operación fachada" ha sido la reapertura al público de la gran logia del primer piso, cerrada desde hace varias décadas por razones de seguridad, ya que varios trozos de mosaico se habían desprendido de las bóvedas. Los mosaicos han sido restaurados y se han limpiado y pulido los mármoles del suelo.
La renovación de la fachada principal principal se efectuó bajo la dirección de Alain-Charles Perrot, arquitecto-jefe de los Monumentos Históricos, que ha había llevado a cabo la restauración del Parlamento de Bretaña, en Rennes, tras su destrucción por un incendio en 1994. En total, ha costado 37,5 millones de francos, de los cuales 6,4 millones corresponden a la Famas, a las que se suman 15 millones de francos para la limpieza de las demás fachadas, laterales y trasera, en espera de su futura restauración. Es la primera vez que se trata de restablecer el edificio tal como Charles Garnier lo había pensado en sus menores.
La próxima etapa será la renovación del gran foyer, prevista parra el 2001. Pero ya se temen nuevos deterioros debidos a la contaminación que podría arruinarlo todo.