El teatro popular está haciéndose de un espacio en nuestro medio. A finales de noviembre del año pasado tuvimos la oportunidad de disfrutar gratis de un montaje que pinta una realidad que no se puede soslayar: la delincuencia. Este flagelo con sus tentáculos atrapa principalmente a los jóvenes, a aquellos carentes de ideales, sin un norte definido, con vacíos afectivos, con ansias de aceptación, de poder, de fama.
La producción teatral "La ficha", dirigida por el Maestro cubano de artes escénicas Huberto Llamas, tuvo como escenario el Auditorio de la Universidad Latina de Panamá.
Cerca de una veintena de actores noveles representaron la vida de un joven apodado "La ficha", quien tira por la borda su futuro cuando cae en las redes de la delincuencia. Intenta y promete cambiar de vida, pero siente que "no encaja" en la familia que él ayudó a levantar: madre soltera (mamacita-Liseth Murillo), hermano (Guillermo-Roberto Castillo) que estudió gracias a su apoyo económico.
Los vecinos lo quieren y tratan de estimularlo, pero él se siente marginado, señalado, juzgado y condenado. Condenado a "no ser nadie", a ser siempre el malo, el maleante, el de malvivir, el que no sigue pautas, aquél al que quieren dictarle las reglas del juego, el que no tiene derecho a opinar y por sus errores tiene marcado en la frente el rótulo de "¡perdedor"! en esta especie de "juego" que es la vida, donde unos ganan y otros pierden.
Es el típico caso del joven que no sabe lo que quiere en la vida y se deja envolver por pandilleros del barrio hasta que la violencia, el vandalismo y el juega vivo se convierten en su pan de cada día, al punto de que cuando retorna de la cárcel aunque intenta enderezar su vida es presa de sus ex "amigos" del hampa lo acosan para que vuelva a las andanzas, lo cual el rehusa y es víctima del odio. Es apuñalado por un bandolero enemigo que había sido herido por él antes de ir a la cárcel y quiso saciar su sed de venganza.
Según explicó el Prof. Llamas, los artistas estudiaron técnicas teatrales de Konstantin Estanislaski, director teatral ruso de finales del Siglo XIX.
"Es un teatro docente, para motivarlos en el aprendizaje de su carrera. Durante la primera etapa se hizo énfasis en la parte técnica del movimiento escénico. Aprendieron también a usar la memoria", dice Llamas.
Sigue explicando que el elenco estudió la gestualidad, jerga y articulación del lenguaje de pandilleros y se incorporó la psicología agresiva del gueto.
Agrega el director teatral que "la idea es darles respuestas, soluciones a jóvenes de barrios marginales, demostrarles que existen otros caminos para incorporarse a la sociedad. Que comprendan que ser "aceptado" por las pandillas, elegir la delincuencia como forma de vida es un arma de doble filo. A la larga, te pasa la factura. Que es importante que se unan a sus padres y no se guíen por lo que dicen sus amigos. Es también un llamado al respeto a la madre y al padre, que entiendan que es verdad que "mamá se equivoca, que no siempre tiene la razón, pero, siempre quiere lo mejor para sus hijos".
Comparó esta producción con otra obra en la cual el elenco estuvo conformado por pandilleros.
"A partir de ellos mismos, los pandilleros representaron su realidad. En La Ficha los artistas interpretan la realidad de jóvenes con conflicto y se convierten en agentes de cambio".
Añade que las de Konstantin Estanislaski "son técnicas tan elaboradas de actuación que ayudan a que las personas piensen, que reflexionen y ellos han sido capacitados en el arte escénico de tal forma que estos muchachos podrían trabajar en televisión, obras de teatro o cine".