Cerca de 130 toneladas de tomates fueron la "munición" empleada en la batalla campal, aunque pacífica, que unas 40,000 personas libraron ayer en Buñol, en la región española de Valencia, durante la popular fiesta de la "Tomatina".
Buñol celebró así su festejo más internacional, en el que los participantes lanzan durante una hora tomates maduros en un peculiar "combate".
Minutos antes del inicio, las calles de Buñol ya estaban repletas de personas que se preparaban, cada una a su manera, para participar en la fiesta.
Tras reponer fuerzas con vino y tortas ofrecidos por el Ayuntamiento, los participantes se concentraron poco a poco en la plaza del pueblo para esperar la llegada de los cinco camiones cargados con las hortalizas.
La indumentaria de los asistentes era de lo más variopinta, aunque la mayoría de ellos acudió con ropas viejas, que luego terminaron en la basura.
El alcalde de Buñol, Fernando Giraldós, comentó a los periodistas que este año muchos participantes optaron por recuperar una antigua tradición de la fiesta, consistente en acudir a ella vestidos de blanco para, transcurridos los sesenta minutos de "guerra tomatera", salir con la ropa totalmente teñida de rojo. El festejo es el más internacional de esta localidad de la provincia mediterránea de Valencia.