Variedades

La fiesta del pueblo panameño


El carnaval es la fiesta del pueblo panameño. Con mucha razón se ha llegado a afirmar que lo único que el panameño toma en serio son los carnavales. De hecho, la temporada es propicia para que financieras, casas de empeño y todo tipo de empresas realicen cualquier tipo de promoción mercadológica para ayudar al panameño a liberar su estrés y el agobio de la tecnología durante las fiestas de Momo. Pero, quién es Momo? Harry Castro Stanziola, en un artículo fechado en 1998, sostiene que era hijo de Nicte, la noche, y personificaba al sarcasmo y la crítica sonriente a los Dioses.
Pero, en dónde se originaron estas fiestas que tanto gustan a los panameños y que atraen cientos de turistas? La palabra carnaval proviene del latín carnem levare que significa quitar la carne, que en panameño significa fiesta de la carne. Las festividades tienen sus antecedentes más remotos en los festivales paganos que los egipcios ofrecían a la Diosa Osiris para agradecer sus bendiciones, luego que las aguas del Nilo regresaban a su cauce después de depositar ricos nutrientes en las tierras aledañas a él. Más tarde, el carnaval se nutrió de los bacanales romanos en los que se libaba grandes cantidades de vino en honor a Baco. Asimismo, el carnaval también estuvo salpicado bajo la atmósfera de los festivales saturnales. Lentamente las frivolidades de los festivales romanos fueron asimilados por los católicos. Tras años de intensa lucha la elite católica logra que las fiestas se celebren durante los cuatro días previos a la cuaresma. Y en Panamá, esta costumbre se modifica al agregar la noche del viernes de coronación y el tradicional carnavalito colonense y el tableño.
El carnaval en la República de Panamá ha adquirido, con los años, diferentes y muy variadas manifestaciones. Inicialmente, este desorden organizado fue una fiesta particularmente de pueblo. Es a partir de 1910 cuando el gobierno oficializa la fiesta carnestoléndica y se escoge a Manuelita Vallarino ser la primera reina oficial del carnaval de Panamá. Tras ellas, hermosas panameñas lucieron la corona de las fiestas de Momo. Entre ellas resaltaron por su belleza y esplendor Isabel Espinoza, Elida Arias y Clarita Smith y Julieta Orillac, entre otras. De hecho, los carnavales de la Concordia fueron, en la voz de Don Antonio Díaz "una exaltación del folklore nacional". Eran los años del carnaval de antier en donde "La ciudad de Panamá era el pueblo grande y alegre que aún estilizando las raíces mismas de esta tradición no era ajena al tamborito de donde venía." (Lucrecia White Bravo, 1995). En décadas posteriores destacarían por sus imborrables reinados Malena Nicosia, Blanquita Clement, y Narcisa Castillero. Más tarde, durante el reinado de Ana Elena Porras se daría realce a la cultura vernacular. Su corona era un águila dorada mientras sus disfraces, capa y traje de coronación estaban inspirados en las culturas autóctonas. Hermosas sus polleras y prendas de oro rematadas en corales. Por su parte, el carnaval de Bleixen I, acompañada musicalmente durante su reinado por la Banda Internacional, estuvo caracterizado por la simbología de las mariposas que estuvieron en la corona y otros accesorios del vestuario real.
Inicialmente las reinas del carnaval eran escogidas por votación popular. Hoy en día, son seleccionadas por un jurado integrado por reconocidas personalidades. Según se cuenta sólo dos hombres han sido declarados reyes del carnaval El primero Julio el Bello-Alvarado y el segundo Roberto Manos de Piedra- Durán. Otra costumbre del carnaval de Panamá era crear piezas para las reinas que presidían las fiestas de Momo. Una de ellas, la Reina Roja, era interpretada cuando en un momento un vendedor de pescado voceó su producto, quedando PESCAO inmortalizado en la popular pieza. Los toldos, lugares de bailes en solares que se cercaban con madera, fueron populares en el pasado y recibieron en sus tarimas a las orquestas más reconocidas e importantes del momento. Hoy, todavía seguimos recibiendo grupos musicales, pero ya no en toldos sino en tarimas patrocinadas por las televisoras locales. A través de los años destacaron El Lirio Rojo, Brisas de Ancón y Brisas del Chorrillo, entre otros. De todos, el más recordado fue el toldo La Alegría cuya propietaria Carmen Lagnon (música) junto a Juan Pastor Paredes (letra) compusieron, en 1918, la pieza El Tambor de la Alegría, una obra musical que nos distingue en el mundo entero y que ha sido interpretada por muchos, entre ellos Libertad Lamarque y Raúl Di Blassio.
El carnaval de antier era diferente al de hoy. Inicialmente, la reina era coronada en el Teatro Nacional; luego, en el Estadio Juan Demóstenes Arosemena y hoy en día en la Avenida España.
El sábado de carnaval se iniciaban los desfiles. Por mucho tiempo se tuvo la costumbre de escoger una reina infantil que presidía este primer día. Al día siguiente, se conmemoraba el Día de la Pollera, en donde por años desfiló Doña Trona Lefreve, según cuentan muchos capitalinos que vivieron, según ellos, los mejores carnavales. El lunes se dedicaba a las comparsas. No se permitía auto alguno. Lamentablemente, esta tradición se ha perdido. El martes era el día grande. Decenas de carros alegóricos inundaban la ruta del desfile que terminaba en las últimas horas de la tarde. En ellos, nunca falta la bella Domitila traída de España y vestida de montuna, que acompañó por muchísimos años a la Junta del Carnaval. Más tarde vendría Tiburcio, un personaje que nunca ha podido competir, en popularidad con la inolvidable Domitila que conocimos muchos. Asimismo se tuvo, por muchos años, la costumbre de invitar a reinas de belleza y fue así cuando en 1971 nos visitó Marisol Malaret Contreras la reinante Miss Universo.
Una característica muy particular del carnaval capitalino son los llamados resbalosos. Jóvenes de clase baja que cubren su cuerpo con pintura y grasa para pedir dinero por las calles a cambio de no pintar a los transeúntes. Muchos de ellos se adornaban con trozos de pellejos para producir mayor repulsa o recurrían a trucos como el de comer fuego o arrojar fuego por su boca. Un carnaval, en la ciudad, sin resbalosos no sería un verdadero carnaval. Asimismo existieron los llamados diablitos entre los que siempre destacaron el King Kon, forrado de henequén, y las famosas iguanas, mariposas y las figuras de la muerte. Al son de las latas y de la letra "no le den ningún centavo, recorrían las calles y rutas del desfile.
Parte importante, en la celebración del carnaval de la ciudad, ha sido la participación de la Colonia China, en Panamá. A través de los años esta progresiva e integrada comunidad étnica a presentado hermosas reinas ataviadas en costosos y creativos vestuarios orientales. Sus carrozas siempre han causado impacto entre los miles de panameños que esperan, cada año, su tradicional presentación acompañada del clásico dragón chino.
El carnaval de Panamá se ha distinguido por presentar alegres comparsas que con su original y contagioso ritmo musical han alegrado por décadas a los capitalinos. Entre ellas sobresalen los populares y vigentes Campesinos del Chorrillo, Los Califas, Los Calipsos y los inolvidables Cariocas y la hoy, no menos popular Caña Brava.
El carnaval de Panamá no ha muerto. Sigue, aunque con grandes cambios, vigente y actualizado. Hoy, la celebración se ha mudado para otras latitudes.
La más popular es la ciudad de Las Tablas, en la provincia de Los Santos localizada a 283. 2 kilómetros de la ciudad capital. Las Tablas inició sus reinados en 1917, aunque con una sola reina que unificaba al pueblo; ya que no representaba de ninguno de los bandos en pugna carnestoléndica. Hoy en día, Las Tablas se caracteriza por dos bandos conocidos popularmente como Tunas que compiten en la hermosura, lujo y esplendor de sus reinas, disfraces y carrozas alegóricas. Su forma de combate son las hirientes y satíricas coplas y los miles de dólares que se invierten es espectaculares y/o ruidosos fuegos artificiales. Uno de estos bandos es Calle Arriba con su cuartel general en la Calle Bolívar. El otro es Calle Abajo con su centro hegemónico en Punta Fogón. No fue sino hasta 1950 cuan Calle Arriba escoge su primera soberana. Un año después Calle Abajo proclama su primera reina. Al inicio las tunas acompañaban sus cantos con caja y tambor. No fue hasta 1956, según José N. Vergara M. que se introducen las murgas, orquestas musicales que alegran el carnaval panameño con sus vibrantes y contagiosas notas musicales.
Como bien sostiene Lucrecia White Bravo "el corazón mismo del carnaval tableño se resiste a quebrantarse, sin embargo, el empuje de la tecnología es una fuerza difícil de equilibrar".
En Azuero puede encontrar poblaciones que mantienen la tradición de ambas calles. Así, podrá visitar Parita, Los Santos, Pedasí y hasta Tonosí. En esta última aún se dan las tradionales tunas de caja y tambor.
Por otra parte, Ocú posee tres calles. A las tradicionales Calle Arriba y Calle Abajo agrega la Calle del Medio, en donde las señoras casadas no han perdido su derecho a presidir las fiestas de Momo. En Chitré sucede algo similar. Allí convergen la Calle Abajo, el Anonal, el Morisqueto con su reina de la tercera edad y el Achiote. Lamentablemente, en muchas de estas ciudades, los paseos nocturnos estan iniciándose a altas horas de la noche lo que impide a muchos niños y ancianos disfrutar de este bello y singular espectáculo.
Dentro de la tendencia a mantener el esquema de tunas, Penonomé ofrece una refrescante alternativa. Allí, se dan comparsas que eligen hermosas señoritas y hasta señoras como las Damas Unidas Penonomeñas que permiten a dos señoras presidir algunos días las fiestas del carnaval- para que las representen durante el carnaval. La particularidad que ase da en esta ciudad es que en la tarde del sábado de carnaval hermosas princesas llegan a través de Zaratí al balneario Las Mendozas, en bellas balsas y fabulosos disfraces. El resto de la fiesta se da con diversos desfiles a través de las principales calles de la ciudad.
No quisiera terminar sin aclarar que este artículo es producto de mis propias vivencias y recuerdos. A el han llegado recuerdos de otros muchos que verbalmente o mediante sus escritos y artículos han logrado preservar para las futuras generaciones, la historia del carnaval de Panamá.
El carnaval, la fiesta por excelencia del pueblo panameño es una manifestación de nuestra identidad nacional. Participar de ella con alegría y responsabilidad ayudará a preservar nuestras tradiciones y costumbres que nos identifican como nación libre y soberana.
Tal vez las palabras de Lucrecia White Bravo sería el mejor cierre cuando sostiene que "Es un hecho innegable que cada época tendrá su gente que interpretará la historia y sus tradiciones tal como la sienten, no como los idos las vivieron. Los carnavales seguirán su evolución ignota. Sólo una cosa es cierta: es una fiesta para desahogar el alma, para el desenfreno y para vivir la verdadera máscara. Los sicólogos modernos pueden brindársela de receta infalible y mágica al estresado y absurdo mundo de hoy". ¡Que Viva el carnaval de Panamá¡


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58376
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América