Ni Alemania, nación que se enorgullece por su cultura clásica, de Goethe y Beethoven a Thomas Mann y Paul Hindemith, ha podido eludir la embestida del afán de lucro y populismo que parece haberse apoderado de los grandes conglomerados que hoy controlan las grabaciones musicales.
Como un golpe bajo para los amantes de la música, Bertelsmann, una de las empresas editoras y musicales más poderosas del mundo, ha ordenado "drásticos recortes" en su catálogo de discografía de música clásica, conocido como BMG Classics. Algunos podrían calificar la decisión como la "globalización del mal gusto" o el triunfo de un materialismo desaforado.
Como primer paso, la casa matriz, BMG Entertainment, decidió suspender las grabaciones de orquestas y solistas en Europa, según altos funcionarios de la propia empresa, de esta manera congelan así uno de los catálogos más famosos del mundo discófilo.
Por si alguien aún no conoce el nombre Bertelsman, es la pequeña editorial establecida antes de la Segunda Guerra Mundial en el pueblo de Guetersloh en el sur de Alemania que hoy es dueño desde el Círculo de Lectores de España hasta las famosas editoriales Doubleday, Random House, A.A. Knopf y Pantheon de los Estados Unidos.
De paso también adquirieron el catálogo de la RCA Víctor y una sarta de Compañías de discos en Europa. Con sólo la RCA consiguieron las estelares grabaciones de Vladimir Horowitz, Jascha Heifetz, Zino Francescatti y Arturo Toscanini así como las grandes voces desde Enrico Caruso y Fyodor Chaliapine hasta Bidu Sayao, Leontyne Price y Leonard Warren. Más aún, Víctor ya había absorbido a la famosa compañía británica, His Masters Voice (HMV) aclamada en el mundo musical por ofrecer por primera vez las óperas completas de Mozart. Estas históricas grabaciones de los discos de 78 revoluciones y transferidos a los CDs, fueron ejecutadas por los Festivales de Glyndbourne dirigidas por los célebres directores Fritz Busch y Sir Thomas Beetcham con cantantes como Sena Jurinac, Elizabeth Schwarzkopf, y Mack Harrell.
La justificación que se esgrime para reducir el número de nuevas grabaciones de música clásica es que este rubro sólo representa menos del cuatro por ciento de los 13,000 millones de dólares de ventas anuales que aporta la música grabada, cuyo grueso proviene del rock, jazz y la música pop en general.
Por cierto, Bertelsmann no está solo en esta carrera por reducir los catálogos de música clásica. Sony, el conglomerado japonés que adquirió a la otra famosa marca de discos, Columbia Records, hace ya un par de años que canceló contratos con importantes orquestas como la Filarmónica de Nueva York, la Orquesta de Filadelfia y la Orquesta de Cleveland.
Para Frank Salomon, hoy probablemente el empresario independiente más respetado de Estados Unidos, no se tira de los cabellos porque considera que estas corporaciones reflejan un problema sociocultural mucho más profundo.
"Estamos presenciando el resultado de la masificación de gustos en la que por lo menos en Estados Unidos y gran parte de Europa el mercado ha asumido la responsabilidad que antes residía en unas elites culturales y en los padres de familia," comentó en una conversación telefónica desde Nueva York.
"Cuando fuimos a España donde Jaime Laredo dirigió la Orquesta de St Luke"s, la sala estaba colmada de gente de todas las edades. Y por qué? En gran medida porque la Reina Sofía es amante de la música y ha logrado entusiasmar a mucha gente a asistir a los conciertos.
"A nosotros nos falta ese tipo de inspiración de los más altos niveles del gobierno donde los gustos van hacia los grandes astros de Hollywood y del pop. Tampoco los medios informativos sienten la responsabilidad que antes ejercían para dar mayor relieve a las artes".
Efectivamente, hoy en día lo que hacen los grandes fabricantes de discos para continuar ensanchando sus catálogos sin incurrir en mayores gastos, es sacar nuevas ediciones de viejas grabaciones con destacados directores como Erich Kleiber, Willhelm Furtwaengler, Toscanini y Eugene Ormandi, así como de grandes solistas y conjuntos ya sean Pablo Casals, Rudolf Serkin, Eugene Istomin, Dinu Lipatti, Josef Szigeti, Isaac Stern o el Cuarteto Budapest.
En público, Strauss Zelnick, presidente de BMG Entertainment, insiste en que la compañía continúa su "dedicación" a la música clásica y negó al The New York Times de que se contemple reducción alguna en el programa de nuevas grabaciones en el exterior.
Sin embargo ha trascendido ahora que empiezan a peligrar los contratos de muchos artistas europeos inclusive de las dos famosas cantantes de opera, la alemana Waltraud Meier y la mezzo rusa Vesselina Ksarova, ganadoras de un concurso patrocinado por la propia BMG Classics.
Asimismo, The Washington Post informó recientemente que a raíz de la reorganización de la división de BMG Classics ordenada por la casa matriz de Bertelsmann, Evelyn Glennie, la famosa percusionista escocesa, que causó un revuelo en los círculos musicales hace media década, se enfrentó a la cancelación de su contrato.
Glennie, que es sorda, se quejo de que "BMG Classics carece de dirección" y que fue informada que esa división estaba por ser transferida a la división que se ocupa de la música New Age. También circulan rumores de que le están por cancelar el contrato para futuras grabaciones al flautista James Galway.