El teatro actualmente se encuentra todavía enraizado a distancia y cuando un teatro se nutre de la distancia y no hay un mercado activo de importación e exportación, se empieza a debilitar porque no está cerca de sus fuentes", expresó la noche del miércoles la jurado internacional del Concurso Literario Ricardo Miró, Tatiana de la Ossa Asegueda.
En su intervención, durante la conferencia "El Teatro en el Istmo Centroamericano", en la Academia Panameña de la Lengua, la escritora, productora -directora de teatro y docente salvadoreña, habló sobre el teatro como fenómeno cultural, el mercado del y para el teatro, hizo un resumen sobre la evolución del teatro, planteó que "el teatro que hacemos aquí es un producto de importación europea que trajeron los frailes franciscanos" y que formaba parte del paquete evangelizador y cultural de los conquistadores.
En la presentación de la evolución de la producción teatral a través del tiempo, Tatiana de la Ossa Asegueda dijo entre otras cosas que con el tiempo "...se creó el mundo de las Bellas Artes y de las Artes Menores y en el caso del teatro los que hacían teatro quedaron en el sector de las artes menores y los dramaturgos quedaron en el de las Bellas Artes". He allí que puso el ejemplo de esta doble concepción en donde Isadora Duncan encaja en Bellas Artes, en tanto que Matahari en artes menores.
El estudio del teatro americano se sienta en esta polaridad y este mestizaje absoluto, manifestó. Respecto al mercado para la producción teatral la conferencista llamó la atención respecto a cierta tendencia: lo que más se vende ahora es todo aquello que tenga que ver con la identidad. La mujer, juventud y pobreza son otros temas que están de moda.
Hay gran interés por parte de las metrópolis culturales por financiar y por comprar todo lo foráneo, hay una necesidad enorme de consumir "identidad" y el teatro no escapa a esta realidad, de allí que ella considera que "hay un espacio para la producción propia, que se abre como un Caballo de Troya sensacional, que se abre para decirnos cómo producir y cómo "vender" nuestra identidad". Y de esta forma, según añadió, terminar esa sujeción a los bamboleos y oleadas a que estamos expuestos, a ese estar esperando a que alguien nos ayude y nos diga qué podemos aprender.
El divorcio entre dramaturgos y quienes hacen teatro no es saludable e impide el reanacimiento del teatro, es el parecer de la también escritora de libros de teatro infantil, quien considera necesario "ir borrando cierta polaridad en que hemos vivido los últimos 500 años".