Herederos de una tradición plurisecular, los perfumes franceses representan hoy gran parte de las exportaciones mundiales y cuatro de los ocho principales grupos del sector son franceses. Un producto evanescente por excelencia que genera miles de empleos y colosales cifras de facturación. El perfume es además un producto de lujo que no cesa de democratizarse y un sector que desde hace unos años conoce importantes transformaciones.
No es habitual que un sector industrial tan importante encierre tantas paradojas: quintaesencia del lujo, de la sensibilidad. Y del refinamiento, la industria del perfume es también un negocio de poderosos empresarios, expertos en marketing y publicidad a escala mundial. A pesar de su connotación frívola, este producto ha atravesado sin demasiados problemas la recesión, su tasa de crecimiento en Francia pasó del 12,3% en 1991 al 4,2% en 1993 y 3,2% en 1994, sin llegar nunca a ser negativo (en Francia, nueve de cada diez mujeres y uno de cada dos hombres se perfuman). Aunque herederos de una tradición plurisecular, los perfumistas franceses se sirven no obstante de las últimas tecnologías.
La creación de un perfume es ahora competencia de un puñado de creadores particularmente diestros en el arte de manejar esencias: las "narices". No existe ningún diploma o título para esta profesión, que precisa ante todo amor y don para los olores, además de un largo aprendizaje.