"Estamos en el milenio del conocimiento" es una afirmación que se escucha con frecuencia. Y ciertamente que quienes tengan acceso a la información podrán avanzar más que aquellas personas a las que les están vedados datos que les pueden permitir ganar terreno en su desarrollo socioeconómico. De allí que quienes de una u otra forma son responsables de promocionar el progreso de las naciones insisten en la necesidad de poner al alcance de la gente información pertinente y oportuna.
Con el cambio en el enfoque educativo, hay que revisar la metodología de enseñanza-aprendizaje. Ya el/la docente sabelotodo no es bien visto/a. Porque hay distanciamiento entre quien posee el conocimiento y quien lo necesita para crecer integralmente. Pero, resulta que esto de quién sabe qué es bastante relativo, porque cada persona, niño, niña, adolescente, adulto o adulta, tiene un haber en experiencias que debe ser tomado en cuenta y de igual manera no se puede generalizar respecto a la manera y ritmo de aprendizaje de la gente. Hay que dar espacio para mayor interacción entre el/la docente, que pasa a ser una especie de guía o facilitador/a, para los/las pupilos/as, quienes tienen todo el derecho y se les debe dar la oportunidad de ser críticos/as, de ver desde su punto de vista el asunto o tema que es centro de atención durante un proceso determinado de aprendizaje. Su derecho a cuestionar y a enriquecer la experiencia educativa con opiniones es promovido.
Pero, entiéndase que la diversificación del proceso pedagógico no implica de manera alguna que herramientas importantes como el diccionario, las enciclopedias, sean reemplazadas por otras electrónicas muy de moda y a las que no tiene acceso el grueso de la población estudiantil (computadoras e Internet). El asunto es combinarlas exitosamente y seguir ingeniándoselas para aprovechar al máximo el diálogo como mejor herramienta y de esta forma hacer que el/la estudiante gane seguridad en sí mismo, sienta que se le toma en cuenta, utilice junto con el/la docente su creatividad a fin de hacer placentero este intercambio de información y experiencias que es cada día de clases. A la vez que los/las alumnos/as aprenden, lo hace quien actúa como facilitador/a, porque si mantiene la mente abierta a la información que le transmiten comprenderá que no es dueño/a de la verdad última sino que sencillamente tiene más datos sobre algunos asuntos y temas precisamente porque ha vivido más tiempo y ha acumulado más información variada, pero, tampoco ha dejado de ser alumno, ya que cada segundo se aprende. Y se aprende de todo el mundo, de la mera observación de la naturaleza y la forma en que se desarrollan los acontecimientos.
Pero, he ahí entonces que sería provechoso que quienes facilitan el aprendizaje de otras personas les hablen sobre la importancia de investigar, de estar siempre ilustrándose, escuchando opiniones, leyendo, ampliando los marcos de referencia, incluso superando modos de pensar y actuar que han demostrado ser erróneos o perjudiciales para la colectividad. Es decir, hay que ser permanentes investigadores/as en el escenario de la vida y esto se aprende y se fomenta desde temprana edad en el hogar y en las aulas. Cuando los/las niños/as preguntan, nunca dejar de darle respuestas u orientarlos/a que las hallen por sí mismos/as.