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La mejor brújula: el amor


VIOLENCIA doméstica, falta de comunicación, ausencia de una disciplina con amor (porque se usa es disciplina violenta descalificadora) y desconfianza atentan contra la familia.
¿Estamos maniatados? ¿Somos mudos espectadores? O podemos ser protagonistas del cambio. Podemos, ante todo, escuchar al niño, dice la especialista en gerenciación del capital humano, Celia Moreno, quien insta a desarrollar la escucha empática. A evitar reprender tanto al niño y adolescente. A valorarlos como seres racionales, con sentimientos, emociones, impresiones, aptitudes, que tienen una opinión. Que desean y tienen derecho a ser escuchados y tomados en cuenta.
Motivación es una regla de oro en las relaciones interpersonales. La familia, como empresa y organización necesita grandes dosis y constantemente. "Mi campeón, ¡bravo, te lavaste los dientes! Te ganaste una estrellita", suena bien y hace sentir bien al niño, plantea Moreno.
En vez de estar castigándolo y descalificándolo, trate de que gane confianza y comunique lo que le preocupa, sus sueños, deseos, lo que le importa, lo que le disgusta..
Con vasta experiencia en el manejo de las relaciones interpersonales, Celia Moreno dictará hoy y mañana en Exedra Books el Seminario "Creciendo Juntos en Familia" (Tel: 261-4673
264-4252).
Eviten ser extraños bajo el mismo techo. Arte más difícil que hablar es escuchar. Y ¿qué decir de saber leer en el lenguaje corporal lo que la boca calla?
Sabido es que el lenguaje que habla mi hijo, mi pareja, mis padres, mis hermanos, no es el mismo. No hay dos seres iguales, ni los llamados gemelos idénticos. Cada individuo expresa y siente el cariño de distinta forma. Unos prefieren las palabras. Otros, los hechos. Unos son más físicos, otros más visuales y/o auditivos. Los hay con gran capacidad intuitiva, así como los tímidos para hablar, pero que en el papel plasman con facilidad lo que sienten y piensan. También, los que prefieren dar un abrazo a decir verbalmente: "Te amo", "Me importas", "Cuenta conmigo". Lo importante es que la otra persona capte el mensaje.
Hablen con sus hijos, con su pareja. Y que sea una comunicación de doble vía. Pregúnteles qué actitudes de ustedes hacia ellos les hacen sentirse amados y cuáles tristes, rechazados, heridos. Pasen tiempo con ellos. Ponerlos en el cronograma diario puede garantizar la funcionalidad de su familia. Y no necesita tener dinero sólo mucho amor y voluntad de crecer en familia.
Nadie a quien le importe la suerte de su familia puede ser un espectador mudo y sordo ante los problemas que ésta enfrenta.
Hay que interesarse por ver más allá de las apariencias, por conocer a profundidad a todos sus miembros. Por estar en sintonía, hablar el mismo lenguaje. Es deber de todos los miembros de la familia aportar. Esmerarse por el bienestar común, descubrir los puntos flacos y propiciar el cambio.
Es menester, igualmente, agotar los medios para que la familia se asiente sobre columnas sólidas: amor, respeto y comunicación.
Hay que darle un lugar privilegiado a Dios en el seno del hogar.
Consultarse, aportar, sumar en vez de restar, ser proactivo es menester también. Pero, recordemos que comunicarse no es sólo hablar por hablar. Además, tengamos presente que tan importante es lo que se dice, cuando se dice y cómo se dice. Y los silencios oportunos e inoportunos también comunican para bien o para mal.
Tampoco pasemos por alto que grandes y chicos, todos tienen voz y voto. Y cuando a niños y adolescentes se le oye pero no se les escucha, con el tiempo veremos cuan gran error fue esto.
Es decir, para que la familia crezca fuerte, sólida y venza cualquier obstáculo (que abundan día a día) hay que actuar monolíticamente. Enfocar en la misma dirección y empujar halar juntos.


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221045
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América