"Mamá, es una ópera", exclama Julie, de cuatro años, cuando una soprano aparece sobre el exiguo escenario del único autobús que acerca la música barroca a los pueblos de Francia.
"Es un medio para difundir la cultura en lugares con difícil acceso a ella por razones geográficas, como las aldeas rurales, y sociales, como barrios conflictivos, prisiones y hospitales", explica a EFE el entusiasta precursor del "Opérabus", Yannick Lemaire.
El vehículo ha recorrido zonas donde ese género musical era casi desconocido. "Para algunas personas, era la primera vez en su vida que asistían a la ópera", agrega Lemaire, director de la agrupación de música barroca Harmonia Sacra.
Los asientos se han convertido en butacas, las ventanas han desaparecido y el conductor es, a la vez, director de escena, para procurar una experiencia operística lo más realista posible.
"Los códigos estéticos de la ópera barroca están presentes: los frescos del techo y la pintura roja y dorada, al igual que los espacios, como la platea, el balcón y camerinos", dijo Lemaire a Efe acerca de esta idea, pionera en Europa, la cual empezó desde mayo.