Contar la verdadera historia o al menos la parte oculta de la historia, nunca revelada ni por historiadores ni por gobernantes, pero de la que pueden dar testimonio los vencidos y los marginados y en cierta forma develar la cobardía, deshonestidad y mediocridad de gobiernos y grupos que enmascaran su miseria moral, sacrifican su integridad e identidad nacional y le rinden tributo al capitalismo, fue en cierta forma el propósito central de "El Ultimo Juego" y "Libertad en Llamas", novelas de la escritora panameña Gloria Guardia.
La autora presentó un resumen de las obras, del por qué de la temática, del interés personal en mostrar la otra cara de la historia, de reconocer aportes histórico-sociales a Sandino y Rubén Darío, de desconstruir el discurso colonial, de dar cabida a la diversidad de verdades, versiones, a la investigación profunda en la novela histórica.
Se trata en ambas novelas, de una narrativa "...de cruce, de encuentros y desencuentros entre las llamadas culturas de centro y de periferia", todo ello, "desde mis fronteras como ciuddana panameña, hija de madre nicaragüense, residente desde hace más de treinta años en Panamá y en Colombia y formada, desde mi primera adolescencia hasta la adultez, en colegios y universidades de Estados Unidos y de Europa", dijo.
Su novela "El Ultimo Juego", valga decir, ganó en 1976 el Premio Centroamericano de Novela y trata sobre los años críticos de la historia panameña en que Omar Torrijos negoció los Tratados Torrijos-Carter, en tanto que "Libertad en Llamas" se centra en la realidad socio-política de la Nicaragua de los años 1927 y 1928 en que esta nación era víctima del servilismo gubernamental que se plegaba a la voluntad del imperialismo norteamericano ante lo cual Augusto César Sandino se levantó en armas con miras a defender la soberanía de su patria.
En el caso de Panamá, Gloria Guardia, en su obra pone de relieve cómo la presencia norteamericana produjo "un desterramiento real y simbólico", en tanto que en Nicaragua el resultado, según expresó la escritora, fue opuesto "fortaleció el sentimiento nacionalista".
Esto, que lo supo la escritora luego de un proceso de investigación profunda donde revisó textos, archivos, partes de guerra, tratados, artículos de periódicos, cuentos , poemas, grafitos de carácter popular y ocasional, "desconstruyendo desde el lenguaje mismo", tratando de ver más allá de las palabras hasta qué punto había contaminación cultural resultante de la usurpación política de otrora, lo informó en la Feria del Libro en el Centro de Convenciones ATLAPA.
Las novelas que presentó la noche del jueves, son dos obras donde denuncia corrupción, pactos comerciales y políticos, donde presenta los grupos vendepatrias carentes de valores morales, sujetos al vaivén del consumismo, que pierden su identidad al punto de que visten, actúan, comen, viven, casi hasta piensan como los usurpadores a los cuales sirven hasta las últimas consecuencias con tal de mantenerse en el poder y gozar de su aceptación, todo a costa de la suerte de las grandes masas oprimidas, subyugadas, acalladas...
Explicó Gloria Guardia que en "El Ultimo Juego", que "busqué que toda la novela girara en torno a un contra-discurso, a un discurso subversivo, de reflexión y de tipo crítico-crerativo. Ahora, debo decir que si intenté apoderarme del pasado a través de la memoria recogida en documentos que trazan la versión oficial de la historia, de artículos periodísticos, de folletos, de manifiestos, de letreros y de dibujos grabados en paredes, así como de la literatura escrita y oral, fue con un propósito definido: elaborar y reabasar a través el lenguaje, el estado colonial que representó, hasta el 31 de diciembre de 1999, el enclave de los Estados Unidos en Panamá".
En este reconocimiento y empoderación de los vencidos, los circundantes y las mujeres que por siglos estuvieron sin voz y ausentes de la historia -de todos/as aquellos cuya verdad no fue tomada en cuenta, que casi vivieron (amaron, sufrieron, soñaron) en silencio y murieron en al anonimato- Gloria Guardia da paso a las verdades múltiples, democratiza el derecho a ser protagonistas y voceros/as de la Historia.