Si le dijeran que usted que está en este momento leyendo este escrito está también, a la vez, en París viendo un desfile de modas y en África en un safari, en México escuchando mariachis... ¿lo creería o tacharía de loco al que así lo afirmara?
Sin que usted posea el don de la ubicuidad u omnipresencia, para quienes creen en los mundos paralelos lo anterior es posible. Y más.
Hasta qué punto puede influir el azar en la vida de las personas, la forma en que una decisión acertada o desacertada puede cambiar tu destino, la manera en que la indecisión y el temor paralizan, ¿existen mundos paralelos?, la diferencia entre querer vs poder hacer algo y qué tanto daño pueden hacer las obsesiones son algunos de los temas que de una forma profunda trata el drama "Cita a ciegas", del dramaturgo argentino Mario Diament.
El concepto de lealtad, de eternidad, el hecho de que somos esclavos de las pasiones, que en cada uno habita un animal que hay que domar, que hay amores tan efímeros que un perfume dura más y otras tan duraderos que te acompañan toda la vida, son otros aspectos que toca de una manera u otra "Cita a Ciegas", que bajo la dirección de Edwin Cedeño se presenta en la Sala Gantes del teatro La Quadra hasta el 28 de septiembre y en cuya inauguración, el viernes pasado estuvo Diament y pudo tomarle el pulso a la audiencia.
Dos horas de arte escénico de primera, con la actuación de consumados teatristas, como lo son José Carranza y Elisa Fernández, acompañados de los no menos talentosos Aaron Zebede, Yescenia Navarro y Dayra Torres.
Arrepentirse por haber hecho o dejado de hacer algo es cosa de todos los días. En la vida de todos. Allí está la puerta ¿la cruzo o no? ¿Allí está él, le digo que lo amo o me lo reservo? ¿Me compro un carro o una casa? ¿Pago la cuenta del teléfono o me compro esos aretes? ¿Voy al cine o me compro un trío? ¿Estudio ingeniería, leyes, comunicación o profesorado? ¿Me pongo la blusa blanca o la turquesa? ¿Hago o no esa llamada? ¿Me levanto o duermo esos cinco minutos extra?, ¿Me río de la vida o dejo que ella se ría de mí?
Grandes y pequeñas decisiones implican cotidianamente- y ha sido así por siempre, en todas las épocas y culturas- elegir entre opciones u alternativas. Factores como el estado de ánimo, el tiempo (si se dispone de mucho o hay premura), las emociones, el nivel de concentración, si estamos solos o acompañados, etc., pueden incidir en la conducta humana, en lo que hacemos y dejamos de hacer.
Un escritor ciego, en sus años dorados, pero quien en compensación tiene más agudeza mental que muchos jóvenes y posee un don de la palabra que nada tiene que envidiarle a los oradores de Grecia, por la sabiduría de sus reflexiones oportunas y su visión de la vida, va tejiendo una trama donde co participan un hombre de edad madura (banquero de profesión, que es presa de una obsesión por una veinteañera a la que apenas conoce) y tres mujeres: una adulta mayor, una psicóloga que camina hacia la madurez y una joven escultora a la que sus desaciertos le han robado ganas de vivir y quien juega con la tentación.
La dama hace de esposa perfecta pero está frustrada, sufre de desamor y ama a un hombre al que sólo vio una vez en las primeras estaciones de su vida, en la escalera del metro, en Londres.