Variedades

“La Princesa y la Luna”


Mis niños y yo, sentados en la segunda fila esperábamos ansiosos el inicio de la obra, ellos estaban fascinados con el escenario que representaba un entorno oriental. Las luces azules se enfocaron en la princesa que caminaba graciosamente en el escenario mientras hablaba de lo fea y desdichada que era.
Entonces apareció un conejo, quien con graciosos movimientos y sabias palabras, era la voz de la conciencia de Sophie. Estábamos en el auditorio de la Paz de la SGI de Panamá, viendo la obra musical “La Princesa y la Luna”.
Esta obra inspirada en el cuento del mismo nombre del presidente de la Soka Gakkai internacional, Daisaku Ikeda, presenta la vida en la sociedad, los valores humanos de la belleza interior y la igualdad de los seres humanos. El director de la obra Alvaro Lawson, nos dijo que el mensaje que quiere transmitir es que cada ser humano debe sentirse libre y proyectar su energía hacia el futuro y su comunidad.

La música se hizo por computadora. El elenco trabajó durante ocho meses, y aunque no eran actores de teatro, recibieron una preparación muy profesional se les dio clases de vocalización y actuación.
El elenco conformado por miembros del Grupo Pasión lo conformaron: Maribel de Avedaño en el papel de la princesa; Elenay Castillo como la princesa de la Luna; Selvis Stocell, era el conejo; Margot Alvarado, la sirvienta; Marcela De León hizo de la Luna; Vielka Gil fue la reina y el rey fue interpretado por Adolfo Quirós.

Una nota musical al ritmo de la percusión, la dieron unos bailarines que corrieron por todo el salón con banderas doradas y una jóvenes con cintas y pañuelos.
Cuando la princesa fue al mundo de la Luna, en donde todos eran felices, sin inhibiciones y tenían amigos, nos encantó. La risas y ruido de los niños jugando y haciendo cabriolas fue muy alegre y original, los pequeños actuaron muy bien. A uno que otro se le salió la risa, pero eso le pasa hasta a los mejores actores.
La princesa comprendió que podía ser feliz, aprendió a ser humilde y apreciar a todos por igual hasta a su fiel sirvienta, con quien se sentó a tomar el té.
La luna salió. Blanca, brillante y esplendorosa, cantó con poderosas voz: “Nadie más que yo puede hacer mi vida muy feliz, solamente tú con tu propio esfuerzo triunfarás. Cada vida debe ser feliz, cada vida debe ser feliz”, estribillo que sacó las lágrimas de algunos de los presentes. Fue muy emotivo.

 
“Nuestra sociedad va en detrimento, va decayendo, hay que tomar todo lo que se ha perdido. El hombre piensa en sí mismo y en hacer daño, piensa que lo que hace mal es diversión o por el juega vivo. Todo lo que haces mal, regresa doble”, manifestó el director Alvaro Lawson.
Señaló además que lo que enseña la obra es que tenemos que respetar a las personas, ser pacientes con ellas y con nosotros mismos. Todos tenemos una corona y somos capaces, desde el mendigo hasta una presidente; sin importar nuestra preparación académica.
Unas palabras que dijo el conejo quedaron en mi mente: “Todos los chicos de la Tierra tienen corona, sólo que no se ve a la luz del día”, ese día miré a mi alrededor y vi la corona de muchos, me detuve en el rostro de mis pequeños y lo pude ver cómo lo que son: Hermosos príncipes, hijos de mi Padre Celestial.


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100651
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América