No cabe duda que el lenguaje es el elemento más relevante en la producción radiofónica. Sus códigos, la manera cómo se transmiten los mensajes, las opiniones, comentarios, apreciaciones, la objetividad misma convertida en subjetividad, son cualidades íntimas y propias que se utilizan en este medio masivo de comunicación.
La radio es un medio apto para llegar a todos los estratos y capas sociales. No obstante tanto hombres como mujeres, jóvenes, adultos y hasta infantes están opinando de manera muy especial en quienes hacen o trabajan en las estaciones de radio en Panamá.
Decimos esto por la parte productiva, en quienes trabajan en los "benditos" programas tanto matinales como vespertinos y nocturnos. Y qué decir del aspecto psicológico de quienes hacen radio y "despotrican" en contra del radioescucha, influyendo en la psiquis de cada uno.
Este medio tan importante en la vida moderna se está convirtiendo en la punta de lanza de carencia de valores morales y éticos en la sociedad de este país.
Al provocar la radio la sugestión del auditorio, emite mensajes al oyente quien hecha a volar su imaginación, la cual influye, obviamente, su circunstancia, su formación, medio ambiente, etc., motivando una propia interpretación a la fantasía de cada radioescucha.
Si usted es de esas personas que ha escuchado alguna vez una radionovela; si por algún motivo en su vida le dio seguimiento o pudo escuchar algún programa de "El Suceso del Día", que antes se transmitía en una de nuestras estaciones de radio en las décadas del 50 y 60, podrá dar crédito a lo que aquí estoy exponiendo. El oyente siempre pone a volar su imaginación, por la carencia visual, por lo abstracto de los mensajes, por lo muy descriptivo que se tiene que ser.
Entonces si ello es así recomiendo a nuestros productores radiofónicos ser más recatados, moderados, cultos y dados a llevar más que entretenimiento, música y diversión, llevar mensajes sanos, instructivos, formadores de valores propios que busquen orientar mediante un mejor lenguaje, lenguaje que traduzca e infunda una verdadera captación del radioescucha hacia una vida sana sin mayor esfuerzo.
Al ser la palabra hablada la verdadera herramienta del que trabaja en una estación de radio, el medio se convierte en una comunicación más personal, más íntima, más de tú a tú. En todo caso es selectivo e individual puesto que quienes escuchan la radio la perciben involuntariamente, en contraposición con lo que sucede con quienes leen periódico y escuchan y ven televisión, donde el estímulo depende de la voluntad.
Es muy frecuente escuchar en nuestros programas de radio a locutores, "discjockeys", operadores de cabina y personal de estaciones de radio con términos y palabras como: "mi amor", "te imaginas lo que siento por ti", "vente conmigo", "cómo quieres que te lo ponga", "dime si te gusta", en la mayoría de los casos con palabras y términos en doble sentido; más aún, "avesados" en sus expresiones.. ¡Ah!, y qué decir de algunas personas del público radioescucha que en complicidad con estos "discjockeys" se ponen de tú a tú con términos y palabritas fuertes, tal y como se pueden escuchar en programas de producción nacional.
Esta clasificación que damos a estos tipos de programas van más allá de lo normal y cotidiano dentro de las viviendas propias de una sociedad acostumbrada al buen gusto y por la buena diversión, para caer en la atorrancia.
Señores, hay limitaciones en toda sociedad. Las implicaciones sonoras aplicables a las estaciones de radio van en los términos de referencia que transmiten las ondas de radio en las señales de Amplitud Modulada (A.M.) o en Frecuencia Modulada (F.M.).
Sonidos, efectos, música, palabras, como imágenes auditivas destacan día tras día y a toda hora vivencias a quienes escuchan la radio.
Es tal la emosión que ya hay oyentes que se sienten "compradores" de espacios puesto que tienen sus programas de preferencia. Al ser estos programas valiosos auxiliares que permiten al oyente ser partícipes de ellos, es recomendable que estos locutores, presentadores, animadores, operadores de cabina, "discjockeys" o como quisieran llamarse mantuvieran una mayor postura y respeto hacia esos, sus radioescuchas. Es recomendable coadyuvar a experimentar por la radio sanas emociones con sus mensajes y que no amplían una gama de términos, palabras y paralenguajes no muy dignos y propios para emitir en estaciones radiofónicas o de radio.
Imaginémonos solamente, por un momento un programa de estos que se transmiten por la mañana, por la tardecita o en horas de la noche, donde escuchamos a locutores, "discjockeys" decir algo así como: "Ola, como te sientes mi vida...hummmm, qué rico saber que te tengo; gracias por llamarme; estoy esperándote; estoy tan sólo para ponerte todo lo que me pidas. Dime si te hago feliz con lo que te doy a esta hora; te estás bañando, estás mojada o algo así. Mi amor te daré todo lo que me pidas; dime cómo quieres que te lo ponga, al principio, al final o lo quieres todo. De qué manera quienes que te haga sentir; la tengo parada esperando a que tú me mandes a soltarlo...¡Ah! ya sé lo que quieres que te de... tú y yo vamos a divertirnos; vas a ver cuál es la sensación que sentirás al ponerte lo que te gusta"... etc., etc., etc., atorrancias que escuchamos día tras día en estaciones de radio en Panamá.
¡Qué lástima! pero siendo la radio un medio tan económico y tan accesible, pareciera que no está bien aprovechado por nuestros administradores, operarios, locutores y otros; pareciera que desaprovecharan las valiosas oportunidades que este medio presenta por la accesibilidad de su audiencia.
Que conste que no estoy en contra de nuestros programadores nacionales; lo que dejo muy claro es la chabacanería, el lenguaje soez y la poca creatividad del léxico en nuestros locutores "discjockeys".
Para un mal una medicina, para un dolasma un remedio, y esta cura pudiese ser la lectura y afinidad a las cosas buenas de la vida.
¡No cree usted amigo lector!.