De las poncheras más importantes que me rondan la cabeza está: 'Aceptar mi responsabilidad'. ¿Para qué? Cuando acepto que yo soy responsable de algo, ¡uuuffff!, todo me sale bien. Con el objetivo de entender el porqué de esta vaina, te comparto una importante decisión en mi vida...
En 1994 me dije: Mi objetivo de vida es ayudar a fortalecer la autoestima de cada persona. Y yo dizque: “Wow... me gusta, me hace útil, me apasiona, 'ta cool".
El asunto es que solo lo puse en pensamiento y pasaron 7 largos años, hasta el 2001, para que al fin yo aceptara y me dijera: Es mi responsabilidad mejorar la autoestima de cada persona. La palabra clave es responsabilidad. ¡7 inmensos años! ¡Chutri! Eso sí... al decidirlo, plin, plan, plun, hubo magia. Automáticamente hice las mejoras en mí para -inclusive- mejorar la mía.
¿Cómo pillé que esta es mi responsabilidad? En mi queja estaba mi respuesta. Mi tilín, tilín era que por qué las personas no tomamos decisiones para vivir mejor. Mi tilín, tilín era que las personas abusamos de otros seres vivos. Mi tilín, tilín era por la falta de felicidad en lo que hacemos a diario. Y desde que decidí hacer algo al respecto, estoy metiéndole a la mejora de todo. Estoy curándome a mí mismo. Estoy comiendo buco paleta.
¿Cuál es tu tilín, tilín? La mayoría de nosotros nos quejamos de algo porque siempre lo podemos mejorar. Estoy seguro de que tus amigos se saben tu laca, laca y todo… los míos se saben el mío a la perfección. Y aquí aparece la pregunta mágica, ¿cuál debe ser tu responsabilidad?
Hacerme responsable de algo y ponérmelo en el pecho es lo que me lleva a cumplirlo.
Cuando acepté la mía en 2001, pensé: ‘¿Y ahora cómo hago esto?’ Y mi prof. de Física me enseñó que un problema siempre tiene solución. Así que sumo, resto, multiplico, resuelvo la fórmula a lo Sheldon Cooper y sale: Para ayudar a alguien, primero debo comprender a esa persona.
Hoy, aplico la ley de la energía: Yo me chupo lo bueno que veo en una persona y le devuelvo lo bueno que he aprendido de otras personas. La energía hay que ponerla a fluir, tu sa'e.
Te invito a identificar de qué te quejas. Te invito a comprender por qué esto sucede. Te invito a compartir con las personas en busca de mejorar esta ponchera que tanto nos pone a lacalaquear. Nuestra queja puede ser política, puede ser económica, puede ser laboral... la vaina es que siempre regresa a mí, a lo personal, a mis acciones, a yo aceptar mi responsabilidad.
Vamos a jugar a llenar el espacio en blanco. Porfa sonríe y di tu respuesta en voz alta: Mi tilín-tilín es ____________. Mi responsabilidad es _____________.
La respuesta ya la tienes. Ahora vamos a tomar acción. Que sea "tilín tilín... y buco de paleta".
“Convérsame en Facebook, Twitter e Instagram. Me encuentras como Roba Morena. Saber tu opinión es mi responsabilidad. ¡Wopa!”