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capacidad para hacer cambios a nuevas circunstancias rompiendo esquemas
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habilidad de notificar al otro sus deseos y las cosas que le disgustan o le gustan en la relación, y saber escuchar, comprender, aceptar y responder a las sugerencias de su pareja
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cuidar y preocuparse por su pareja
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compartir cosas de forma espontánea y desinhibida
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la existencia de atracción erótica entre ambos sin sentir que hace el ridículo
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un nivel de autonomía, libertad y responsabilidad de parte de cada uno dejando atrás el primitivismo masculino
Si algunos de estos elementos falla, el grado de satisfacción sexual se resquebraja y puede aparecer el trastorno del deseo o aversión sexual. Las cosas se complican cuando la rutina se instala, lo cual puede llevar al cansancio y al tedio. Cambiar los estímulos y los comportamientos sexuales se impone, con urgencia y prontitud. Inténtelo.