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La sexualidad en las personas discapacitadas


Los discapacitados, minusválidos, disminuidos o como se les quiera llamar, no han aparecido por generación espontánea. Están en las calles, en las casas, en los hospitales, en los colegios, hace muchos años, hace muchos siglos. Eran reflejo de un rechazo general a su condición de minusválido y se les privaba la consideración de minusvalía, de invalidez.
En 1948 un grupo de países, aterrados por las maldades a que podía llegar a denigrarse el ser humano, elaboró una lista extensa de derechos para precisamente proteger al ser humano de las iniquidades y perversidades de su propio congénere.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, reafirma que un negro es igual que un blanco, un cojo igual que un campeón en salto de garrocha, un disminuido mental igual que un premio Nobel.
Al retrotraernos a épocas de sociedades milenarias, el nacer impedido era un seguro indefectible de muerte: por ejemplo, los espartanos y los romanos arrojaban a los neonatos malhechos al monte Taigeto y a la roca Tarpeya, respectivamente. Hubo culturas que, en tiempos de hambruna, pasaban a cuchillo a todos los improductivos; otras, al contrario, consideraban a los ciegos seres elegidos de los dioses para ser sus oráculos. En alguna etapa reciente quedan vestigios vivientes considerando a los inválidos, ciegos, etc. peldaños humanos puestos por Dios para que las almas caritativas tuviesen la posibilidad de subir a la gloria celestial. Respecto del momento social actual creo que es lógico reconocer que se ha protagonizado notables avances, pero, "es mucho lo que falta por hacer". En definitiva, somos parte de la sociedad y, con ella, avanzamos o retrocedemos todos. A veces, sin embargo, son aún demasiados los humanos con alguna discapacidad que se ven arrojados al desempleo, a la incomunicación, a la incultura, a la dependencia de alguna fundación caritativa, a la frustración vital.
"Se tiene un plan quinquenal para que las más de 280 mil personas con discapacidad puedan incluirse en la vida plena, para lo cual se requiere mucha voluntad política, además el gobierno no puede solo. Por lo que hay que sensibilizar a la sociedad a pensar y tratarlos como personas y respetar sus derechos. No hay una persona que no sirva, son etiquetas que le pone la sociedad y hay que consultarle al discapacitado qué quiere hacer con su vida y no tomar la decisión por él, pues la modernidad ha demostrado que estas personas tienen más visión que cualquiera", sostuvo la señora Vivian De Torrijos. (El Panamá América, octubre de 2004)
Un minusválido es calificado como tal quien tiene una minusvalía superior a un 65%, existiendo un escalón superior que está formado por quien tiene -además de una minusvalía superior al 75%- necesidad de ayuda de una tercera persona para realizar las tareas esenciales de la vida: comer, vestirse, lavarse, etc. Son seres sexuados desde que nacen, independientemente de la dotación intelectual o de las habilidades motoras y capacidades sensoriales. Eso quiere decir que las personas disminuidas, discapacitadas, o bien, minusválidas, no tienen especiales diferencias en lo que respecta a sus necesidades sexuales con los que no lo son. Es por ello, que la sexualidad debe ser de prioridad en los programas de educación y rehabilitación de estas personas. En algunos casos, se ha reprimido, inhibido y considerado patológica.
Derriba los mitos hacia las personas con características de invalidez.
Ante la necesidad de respuestas concretas, un primer paso debe ser el de derribar mitos, miedos y actitudes sobreproteccionistas hacia las personas con características de invalidez.
Los disminuidos no son más cariñosos, como se suele creer, sino que no se les ha enseñado a distinguir entre muestras de afecto apropiadas e inapropiadas. Y, tampoco sus necesidades son más irrefrenables. Deben aprender a distinguir entre conductas propias del comportamiento público y las que se circunscriben al ámbito privado, cómo tratar a los demás según la relación establecida con cada uno, cómo consentir que les traten.
Otro asunto de suma importancia es la de educarlos para que aprendan a protegerse del abuso sexual. Preocupa sobre manera a los padres, sobre todo de las adolescentes disminuidas, lo expuestas y desprotegidas que puedan estar ante el abuso sexual y las consecuencias que ello pueda tener en su entorno psicológico. Hay que respetar su intimidad, sin permitir que otros adultos estén presentes durante el aseo y su arreglo personal.
No hay aún un común acuerdo respecto a la esterilización, anticonceptivos y derecho a la paternidad. Algunos expertos defienden a ultranza el derecho a la paternidad. Otros, por el contrario, abogan por una sexualidad libre de responsabilidades a través de la esterilización. Son a menudo posturas encontradas las de los especialistas que colocan el centro de atención en la realización personal que es la experiencia de la paternidad y los que se fijan en las necesidades intelectuales y emocionales del futuro hijo.
Entre los diferentes aspectos de la sexualidad de las personas discapacitadas, uno de los primeros problemas que se les presentan a las adolescentes es el de la menstruación. Es esencial hablarles de ello antes de la aparición de la primera regla. Dedicar mucho tiempo a conversarles sobre el asunto y enseñarles qué medidas higiénicas deben tener. Será preciso repetir los pasos y demostrarle muchas veces, hasta que sean independientes en su higiene personal.
Algo similar puede decirse de las poluciones nocturnas en los muchachos. Deben saber qué son, cuándo se producen y, sobre todo, qué son normales y naturales. En cuanto a la masturbación, conducta muy preocupante para muchos padres, hay que expresarles que es algo normal. Ante el niño pequeño, procúrese guardar la calma y desviar su atención, pues todavía no está en condiciones de aprender determinadas normas sociales. Debe enseñárseles con comprensión, tenacidad y paciencia.
En cuanto a este tema la decisión no es fácil. Sin embargo, no se puede hablar en términos generales, ya que en cada caso habrá que valorar la capacidad del adulto disminuido para asumir una paternidad responsable o no, para hacerse cargo de cubrir unas necesidades económicas, y en ofrecer una estabilidad emocional para sus hijos. Muchos adultos, sin ser disminuidos, no están en absoluto preparados para la paternidad y, sin embargo, no se cuestiona su derecho. Lo único que podría ser aplicable a todos los casos es que tomar la decisión de esterilizar a un disminuido, administrarle anticonceptivos o respetar su derecho a la paternidad debería hacerse siempre sin engaño, haciéndoles entender, en lo posible, las implicaciones que ello tiene.
Educar a las personas minusválidas es una tarea y una responsabilidad compartida entre sus padres y educadores y que favorezcan su autonomía, independencia y autoconfianza. Hay que ayudarles a distinguir sus sentimientos, a establecer relaciones interpersonales adecuadas. Es necesario despertarles intereses y procurarles actividades de ocio. Es, en definitiva, un compromiso de todos ofrecerles una adecuada educación sexual que les permita satisfacer esta necesidad y ejercer este derecho en las más óptimas condiciones de libertad, conocimiento y responsabilidad.
(*)Geraldine Emiliani, psicóloga y sexóloga
(gemiliani@cwpanama.net)


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172057
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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