Para los que conocemos a Rosalina Orocú Mojica no fue una sorpresa que recibiera el merecido premio de Comunicadora del Año.
La tarea que nos esperaba era encontrar alguien que hablase con ella, y que le transmitiera la importancia del reconocimiento. Años anteriores asistía a la cobertura con su resma de papel (porque no usa grabadora), y este año fue una de las galardonadas.
Le advertimos que no se preocupara, otros periodistas cubrirían el evento, otros redactores tomarían su lugar, recorrer incansablemente de día y de noche teatros, galerías, librerías, escuelas.
Pese a esto, y por su consagración, no obtuvimos un sí.
Cuando llegué al teatro, empapado hasta las rodillas, Rosalina, con un paraguas negro, recibía al público que corría de los autos para entrar al teatro.