En síntesis
- El cariño dirigido hacia una mascota siempre es aceptado y permitido, incluso es un carácter que debiera ser promovido. Esta actitud muchas veces es transmitida, muy probablemente, desde la obtención de nuestra primera mascota y el modo de trato enseñado por nuestros padres.
- Francisco Wray
- Medicina Interna Felina
Una mascota es parte de la familia. Decía una vez una amiga: “exageras con el perrito”. Él llegó en el momento preciso, necesitaba esa movida de cola y ladrido de alegría cuando regresaba cansada del trabajo. Mi esposo llegaba más tarde... pero allí estaba el pequeño Russo, como guardián, y así ha sido siempre. Una semana después de tenerlo en casa, fue internado en la veterinaria por problemas estomacales, era tan pequeño que sentía que lo perdía, fueron tres días de angustia, pero mejoró.
Son precisamente ese cariño y preocupación los motivos de crítica de personas que no sienten ese apego por los animales, pero según el especialista en medicina felina Francisco Wray, al cariño no debe imponérsele límites. Se puede tener mucho cariño a una mascota, bien sea un animal de granja o uno silvestre.

Agrega Wray que desde el punto de vista profesional, es entendible esta fascinación y se trata de orientar a los propietarios con el cumplimiento de las necesidades "básicas" del animal, haciendo alusión a su espacio físico, su alimentación y atención médica. Sin embargo, cuando se cumple con estas responsabilidades hay un mayor apego hacia el animal, es así que cuando el animal enferma y muere, muchos dueños suelen caer en depresión, misma que debe ser superada, pues al principio el pensamiento siempre será no volver a tener otro animal.
Pero hay que estar claros, el cariño que uno puede tener por otra mascota no reemplazará nunca los sentimientos que se despertaron por la que murió, pero siempre nacerá un nuevo amor.

Es necesario comprender que al igual que un humano, les toca su momento de partir. Tal como sucede en la conmovedora película “Marley”, un compañero canino que llegó a un hogar por la necesidad de llenar el espacio físico y sentimental de los bebés que la pareja no podía tener. Al final se enfermó, los años le pasaron factura, y hubo que sacrificarlo. Todos, adultos y los anhelados niños lo despidieron como el gran amigo.
La pérdida de una mascota es superable, siempre que se realicen actividades que mantengan la mente alejada del recuerdo del día de la partida.
