Hacia el año 1100 los hornos donde se fabricaba el vidrio tuvieron que ser trasladados a la isla de Murano a causa de los problemas de contaminación y los riesgos de incendios.
De esta forma, nació y creció la fama de Murano donde las familias se transmiten, de generación en generación, recetas y secretos que nadie en el mundo ha podido igualar. Murano se convirtió rápidamente en la capital mundial del vidrio.