Este lugar sigue siendo el mismo de hace 61 años, cuando los norteamericanos residentes en el área de Balboa, Diablo y La Boca disfrutaban de la última película de Hollywood.
Las puertas que dan la bienvenida, ahora, son de vidrio, pues reemplazaron las de madera.
Impecables, son los azulejos en el vestíbulo, por la excelente calidad sobrevivieron.
Con unas mil 145 butacas, 596 en la platea y 549 en las graderías, hay espacio para deleitarse con una obra de teatro, un concierto de piano, un seminario, un concurso de belleza y hasta de "Vive la música". Se utiliza para muchas actividades.
En el año 1946 cuando se construyó contaba con más butacas.
Máximo Caraballo es testigo de ello, ya que es técnico de tramoya y labora en el lugar desde 1980.
Recuerda que cuando se transfirió el Teatro a Panamá en 1979, las autoridades decidieron que el cine de los norteamericanos se convertiría en un teatro para los panameños.
Por su parte, Ricardo Botello, técnico de luces del teatro, recuerda como si fuera ayer el lugar repleto de "gringos" por la premier de "La Guerra de Las Galaxias, Primera parte" y con la transición, observar al General Omar Torrijos junto al cuerpo diplomático y sus familiares disfrutando de "El expreso de los espías".
Caraballo tampoco olvida que para la invasión de Estados Unidos a Panamá, los soldados lo tomaron como lugar de refugio.
Botello cuenta que el Teatro tiene un pasillo estrecho y escondido en la parte posterior, que conduce a la sala de proyección cinematográfica. La misma se encuentra en desuso, pero conservando todavía dos máquinas para enrollar cintas de películas.
De esta sala, por un pasillo con poca luz, se llega al "Cry room" (cuarto de llanto), sitio donde los norteamericanos de la época llevaban a las niñeras con sus hijos cuando éstos se sentían incómodos o aburridos.
El pequeño cuarto contaba con sillas, un vidrio a prueba de sonido y una sola bocina para continuar escuchando la película. Recuerda también que después de un "buen filme" la diversión continuaba en un restaurante contiguo, el llamado "Club House".
En la actualidad Botello tiene la labor de crear el diseño de luces, que utiliza unas 40 lámparas, de las 62 que tiene a su disposición, además una consola con un costo de 6 mil balboas y una perseguidora por el valor de 2 mil. Todos los días repara las piezas defectuosas y mantiene las nuevas.
Todo el espacio fue decorado con un tapiz hecho a mano, pero sólo se conserva en la parte de atrás, ya que administraciones anteriores, las paredes laterales fueron pintadas de chocolate, ocultándolo para siempre. Este tapiz también hacía la función de acústica.
Botello manifestó que la alfombra original tenía colores como el crema, vino y rojo, y fue retirada en 1992.
Los ojos de bueyes, que están en el techo, también hacen contraste, sólo que los actuales son incandescentes y los anteriores eran amarillos.
El forro de las butacas combinaba con el conjunto decorativo, pero con el tiempo fueron reemplazadas por un tapiz diferente. Las primeras tenían un vinil chocolate.
La pantalla, que alguna vez fue puesta para proyectar las películas, es una lona sujeta a unas columnas de hierro; se encuentra intacta y se mantiene en la parte de atrás del escenario.
El Teatro Balboa no posee sistemas contra incendio. En caso de emergencia, las puertas que indican "salida" en luz roja son la única forma de escape.
Carlos González, administrador del teatro, dice que se tiene contemplado, mediante el presupuesto destinado para el Instituto Nacional de Cultura (INAC), unas 30 lámparas de emergencia y un sistema de alarma contra incendio.
González mencionó un nuevo telón anti-retardante de fuego por el valor de B/. 20 mil balboas, el reemplazo de la alfombra, un plan de emergencia, la construcción de camerinos con una capacidad de 25 personas más y cableado eléctrico moderno.
Dentro de dos años se llevará a cabo la rehabilitación del cuarto de luces y sonido, gracias a una donación de la Embajada de Japón.
El alquiler cuesta B/. 900.00, la noche.