Silencio, entrega completa para entrar en contacto con la obra que está en gestación, es requisito “Sine qua non” para Hernán Rivera Letelier, Premio Alfaguara de Novela 2010, para quien el humor es elemento clave en su vida, que vive sin complicarse, disfrutando del momento y aprendiendo cuanto pueda de cada experiencia, “buena” o “mala”.
“No fumo ni tomo ni escucho música cuando escribo. El acto de escribir es como el acto de hacer el amor. Hay que estar con los 5 sentidos, sino falla. Yo quiero oír, yo quiero oler, yo quiero tocar, yo quiero sentir, yo quiero gustar a mis personajes. Con los cinco sentidos...”.
Él aboga por la necesidad del ser humano de permitir, propiciar una revolución interna, una revolución espiritual que tiene que él, en su caso, llevar a cabo cada día al levantarse: una o dos horas de silencio, de soledad, a conocerse a sí mismo, a dialogar consigo, a aconsejarse, congratularse, a hacerse cariño y afianzar la autoestima.
Esto, opina, es de crucial importancia en la tarea y reto cotidiano de crecer como personas y poder tener empatía y esforzarse en ayudar a construir un mundo mejor.
Y el humor está presente en la obra galardonada porque “es fundamental en mi vida para sobrevivir en ese desierto, para reírnos de nuestra tragedia, El humor es universal, ayuda. El humor y la poesía ayudan a que la historia se haga universal”, dijo en Conferencia de Prensa la mañana de este lunes en Exedra Books.
Y eligió como escenario para su novela el desierto de Chile, La Pampa, porque quería que fuese conocido allende las fronteras.
Comentó que él había leído todo lo que se había escrito sobre este desierto y notó que las obras no trascendían las fronteras de su país y lo que es más, algunas que se escribieron en el Norte no eran conocidas siquiera en la capital. Es que, explica “fallaban en lograr el lenguaje universal” que él había aprendido los cuatro años que tardó en escribir “La reina Isabel cantaba rancheras” (1994).
Veinte años estuvo escribiendo, leyendo, releyendo, re escribiendo. No se arrepiente.
“Yo le agradezco a Pinochet...si yo hubiese publicado hace 20 años estaría arrepentido. Fueron 20 años de aprendizaje”, puntualizó.
A su juicio, no hay que empecinarse en publicar rápido. Hay que leer, pulir, borrar, corregir...
Respecto de la novela actual piensa que “está predominando la novela del yo, la novela de autor contando su propia vida...y se olvidan de contar historias”.
Compartió que en su novela él “reivindica el gusto de este placer atávico de contar y de que nos cuenten historias” y riéndose expresó: “Si yo hubiese sido una mujer me habría encantado ser Sherezada”.
Él aconseja a los escritores que escriban poesía y si no escriben poesía que por lo menos lean poemas, porque esto es fundamental para adquirir el poder de síntesis.
Este hijo del Atacama no cesa de contar historias, historias donde hay parte de sí. Historias con sabor agridulce, pero que no le han borrado la sonrisa del rostro. El desierto le ayudó a encontrar a un gran amigo. A sí mismo.