Si desea ir de viaje a Filipinas te conviene saber lo siguiente: Pequeños detalles de la vida cotidiana:
Hay que conformarse con la costumbre filipina que exige una gran reverencia y atención respecto a los ancianos. Se recomienda besarles la mano derecha por la mañana y por la tarde.
El elevar las cejas no quiere decir sorpresa, sino aprobación.
En el restaurante, el silbar a un camarero no es signo de mala educación.
No hay que considerarse invitado a comer por un filipino más que si renueva varias veces su ofrecimiento: una sola oferta no compromete a nada.
Hay que tener cuidado con no rechazar un «balut», patito no nacido que se cuece en su propio huevo en el día 18 de su incubación y que localmente se considera como el más suculento de los alimentos.
Los combates de gallos suscitan un apasionado interés y los campeones más famosos proceden de crías de la provincia de Batangas, al sur de Luzón; las «galieras» (plazas de toros oficiales) no están autorizadas a funcionar más que los domingos y días de fiesta.
El «jai-alai» se parece a la pelota vasca con chistera; se juega con una felinidad desconocida en Europa.
El «sipa» es na curiosa mezcla de tenis y fútbol.
El deporte más popular y más practicado es el baloncesto.
En un país tan insular y tan accidentado, el avión es el medio de transporte ideal.
Del millar de kilómetros de vías de ferrocarriles existente, la casi totalidad equipa la isla de Luzón.