De acuerdo con estimados, hay alrededor de 50 tipos de animales domesticados en el mundo. Con suficiente entrenamiento y paciencia, el hombre podría algún día ser uno de ellos. Cuando es tiempo de hacer choza con nuestras medias naranjas, casi invariablemente volvemos a nuestros días más primitivos. Quizá es nuestra forma de protestar silenciosamente por nuestro cautiverio, o a lo mejor es sólo la forma como estamos programados genéticamente. Cualquiera sea la razón, tenemos una manera única y a veces feliz de irritar a las personas que más amamos. Echa una mirada a las cosas más molestas que hacemos cuando vivimos con un más justo (y esperemos que más comprensivo) sexo. Encuentra con quien compartirlo todo aquí.
Dejamos un camino inexplorado de contenedores vacíos. Aunque no tenemos problemas sacando la basura, haremos hasta lo inhumano para evitar tener que llenar el cubo. Pondremos agua en los casi vacíos envases de champú para maximizar lo que queda, dejaremos unas gotas de leche en el cartón en vez de tirarlo de una vez. Mientras haya al menos una pequeña cantidad restante, no seremos los responsables por tirarlo.
Salpicamos el espejo cuando nos cepillamos los dientes. Afrontémoslo: somos las criaturas más territoriales. Si fuera socialmente aceptable, mojaríamos todas nuestras posesiones sólo para alejar a otros hombres.
Dejamos pelos en el lavamanos después de afeitarnos. Aunque podemos disfrutar el resultado de un rostro limpio y suave, todos los hombres odian el proceso de afeitarse. Consume tiempo, es doloroso y una forma miserable de comenzar el día. Como consecuencia, en signo de protesta, elegimos dejar nuestros recortes de barba.
Usamos 10 vasos al día, para beber, en vez de uno. Cuando le preguntaron sobre su hábito al bañarse, Winston Churchill una vez contestó: "¿Por qué permanecer parado cuando podrías sentarte?". El mismo razonamiento aplica para el uso de múltiples vasos. ¿Por qué usar el mismo vaso sucio y lleno de gérmenes una y otra vez cuando podrías disfrutar de un nuevo y limpísimo cuando quisieras?
Cubrimos el piso con ropa sucia. "Un lugar para todo y todo en su lugar", dicen. Bueno, esa es una idea linda, pero ¿quién tiene tiempo? Es mucho más divertido tirar nuestra ropa aquí y allá como si hubiera explotado una bomba en el armario.
No hacemos tareas domésticas. Cuando es hora de hacer reparaciones en el hogar, el hombre es el rey. Somos inigualables en nuestra habilidad para arreglar escalones y construir.
Lo que a las mujeres les disgusta de los hombres
Desafortunadamente para las mujeres, los hombres han elegido abrazar fallas domésticas en vez de corregirlas. Así se sienten bien.