Variedades

Lo que pasa antes de un concierto

El grupo Jazz-Flamenco del Mediterráneo cautivó en una función única de una hora y media.


A simple vista daba la impresión de que el Teatro Nacional se quedaría vacío en la primera función de gala del VI Panama Jazz Festival. En los alrededores, horas antes, reinaba la calma. Pocos turistas caminaban y echaban un ojo al teatro, que permanecía cerrado para los seguidores de este género musical, y sólo entraban los trabajadores de la empresa de "catering", que subían recipientes para el recibimiento, luego del concierto.

Bajo un cielo nublado, dos de los cuatro focos que alumbran un lado del teatro estaban apagados. Los dos "biencuidaos" del teatro aguardaban sentados mirando el mar. En la terraza del Salón Roberto Lewis, había un armario sin uso.

Ya oscureciendo, el público se acercaba a la taquilla, compraba y se quedaba en los alrededores mirando los autos .

 

Miré la puerta lateral, por donde entran los artistas y el equipo, y estaba cerrada.

En la esquina derecha, la señora de siempre estaba sentada en un banquito bajo, ante una mesa improvisada de cajas y trozos de tela roja. Allí tenía parte de la mercancía de su quiosco andante, el resto estaba en un cubo con agua y hielo: sodas y botellas de agua.

Dos periodistas extranjeros conversaban con ella, la vendedora, mientras comían papas de lata. Un carro recolector de basura iba en reversa hacia la calle frente a la Cancillería; durante el rato que estuvo haciendo la maniobra, ayudado por un trabajador que hacía de guía en la acera, unos gatos salían y entraban por una ventana de uno de los caserones de al lado del teatro.

 

Qué suerte tienen de poder estar con las puertas y ventanas abiertas, pensé.

La profesora y violinista Graciela Núñez caminaba junto a su esposo, el poeta Salvador Medina, hacia un restaurante cercano que ocupa las veredas para colocar mesas debajo de paraguas de colores.

Concierto.
A las siete y media, el público que ocupaba el teatro era poco. A un lado de la entrada había una mesa, con suéteres y discos compactos de los artistas invitados a la actividad. Las camisetas eran de todas las versiones del festival.

 

A las ocho de la noche, la luneta estaba casi llena y también parte de la platea. En la sala, bien iluminada, se escuchaban restos de conversaciones.

Luego, cuando ya el teatro estuvo lleno, el público aplaudía para enviar el mensaje que ya se podía iniciar.

Media hora después, ocho y media, aún las notas no salían. El telón rojo escondía a los artistas que no ensayaron hasta el último momento como lo hacen algunos en este mismo escenario.

 

Poco antes de las nueve, finalmente se abrió el telón. Hubo un espacio para mensajes extensos de los patrocinadores, que se mostraban en videos desde lo alto de una pantalla.

Cuando le tocó el turno de aparecer ante el público a Danilo, lo hizo leyendo pedazos de unos testimonios publicados por un diario sobre los participantes de las clínicas. Todos agradecían al pianista esta oportunidad de encaminarse en la música.

La presentación. Los jóvenes de Jazz-Flamenco del Mediterráneo tocaron con mucho entusiasmo, acompañando este ritmo moderno con los movimientos del flamenco de "La Concha". Genial.


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322149
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América