Para el carismático fiestero Jack Fuller y la melindrosa operadora de materias primas Joy McNally un descarriado fin de semana que compartieron accidentalmente en Las Vegas pudo haber terminado, sin lugar a dudas, en poco más de una ofuscación accidental. Esto es, si este par de neoyorquinos vacacionistas no tuvieran un acta de matrimonio firmada frente a ellos para recordarles de una manera escandalosa el gigantesco error que cometieron mientras disfrutaban al estilo Las Vegas.
A resumidas cuentas, no sólo Jack y Joy se casaron después de una borrachera, sino que también, momentos después, se sacaron el premio mayor en un tragamonedas: la asombrosa cantidad de tres millones de dólares. Bueno, Jack se lo ganó con una moneda de Joy. En la máquina en la que ella ya había jugado. ¿O fue al revés? Y, como sea, ¿a quién le pertenece el dinero?
Y a eso se reduce la mala mano que le dieron a este dúo, que lleva su predicamento de regreso a Manhattan sólo para ser sentenciado por el inflexible Juez Whopper a "seis meses de arduo matrimonio". A pesar de las desventuradas protestas del mejor amigo y consejero legal de Jack, Steve, Whopper rehúsa otorgarle a Jack y a Joy una anulación, congela el botín del premio y obliga a la irresponsable pareja a probar que han hecho todo lo humanamente posible para hacer que su improvisado matrimonio funcione.
Esto incluye la convivencia, sesiones de terapia semanales y hacer algo que el tradicionalista Whopper cree que la "generación" de Jack y Joy odia hacer: intentar. El juez asegura, que si no cumplen el dinero será retenido y no lo verán.