Todos los padres deseamos para nuestros hijos un extraordinario futuro. Aún antes de su nacimiento escuchamos música de Mozart y les hablamos para estimularlos, luego les leemos cuentos y los hacemos partícipes de juegos didácticos. En nuestro afán porque sean los mejores los matriculamos en centros educativos desde muy pequeños. De acuerdo con la psicóloga María Eugenia Valencia, el aprendizaje es un cambio permanente en la conducta que resulta de la experiencia. Todos los seres humanos nacemos con la habilidad de aprender, lo que ocurre con el estudio, instrucción, observación, exploración o la práctica.
Ciertas capacidades neurológicas, sensoriales y motrices deben estar presentes para que adquiramos conocimientos. Los niños de entre 2 y 7 años se encuentran en la etapa preoperacional de desarrollo cognoscitivo en la cual, según Jean Piaget, se sientan las bases para el pensamiento lógico.
Ellos y ellas aprenden no sólo a sentir, sino también a pensar y los padres somos una gran influencia sobre su desarrollo intelectual durante este tiempo. El apremio de incrementar el contenido académico, afirma Valencia, proviene en parte de los resultados de hallazgos de capacidades insospechadas anteriormente en los niños pequeños y parte como respuesta de la ansiedad de los padres por el futuro de sus hijos. Las escuelas, entonces, se han adaptado a las exigencias de los padres y de la sociedad para que los niños aprendan más y a temprana edad.
El preescolar y el kindergarden preparan a los niños para la escolaridad formal. Algunos programas se centran más en tareas cognoscitivas estructuradas y otros en actividades de iniciativa o creatividad en los niños.
El Dr. Eduardo Espino, director de Real School, manifiesta que la edad más indicada para iniciar a un niño en los maternales es aproximadamente al año y medio de nacido, cuando empiezan las inquietudes sociales y de exploración de su entorno. Considera que a esa edad tiene suficiente madurez para que los estímulos que le provean le sirvan para su desarrollo psicoafectivo.
Espino indicó que el preescolar estimula afectivamente al niño al enseñarle desde temprano a expresar sentimientos y desarrollar la empatía hacia otras personas; además, sirve para identificar habilidades del niño en el terreno cognoscitivo y así orientarlo mejor a que perfeccione sus propias potencialidades, lo cual le da autonomía y realización fortaleciendo su ego. Un preescolar también brinda la oportunidad de complementar aquellos aspectos del desarrollo motor que los padres por falta de tiempo no pueden verificar. El Dr. Espino nos aconseja examinar las distintas opciones de preescolares y escoger aquélla donde hayamos verificado la seguridad y un ambiente educativo acorde con la realidad actual.
El estudio "El año preescolar" de West, Denton y Reaney reveló que a pocos meses de clases, los estudiantes más jóvenes en el jardín infantil poseían menos conocimientos en matemáticas y sus destrezas de lectura eran inferiores en comparación con los alumnos de mayor edad.
Por otro lado, los estudiantes que habían recibido el "año de gracia" e ingresado de seis (algunos casi 7) años al sistema escolar, tenían más capacidad, mayores niveles de concentración e, incluso, más interés en aprender.
Otro estudio, "La ejecución y adaptación de niños en escuela elemental" de Zill, Loomis y West, encontró un desempeño superior en los grados 1 y 2 de los niños que entraron al preescolar más tarde; concluyó que "la espera se traduce en dividendos en el futuro".
Aunque retrasar el ingreso al preescolar es una buena estrategia, se demostró que los estudiantes de recursos limitados tienen durante este año de gracia experiencias menos enriquecedoras que las de un niño adinerado. Un año de espera puede ser ventajoso para el niño, si se utiliza para reforzar, preferiblemente en un centro preescolar, destrezas básicas sin las presiones de la educación formal.
La psicóloga María Victoria Valencia expresa que es bien sabido que un hogar lleno de libros y juguetes es un factor clave en el crecimiento intelectual de niño, que los padres que brindan un ambiente enriquecido para el aprendizaje pueden tener niños con mejores capacidades cognitivas y que los niños que asisten a preescolares aprenden ciertas habilidades de juego y cooperación con sus compañeros. Además, son menos egocéntricos y aprenden a enfrentarse con sentimientos de frustración, rabia y sentimientos heridos.
"Los niños pequeños aprenden en forma diferente a los grandes y las tareas de lápiz y papel no son tan formativas para el joven intelecto como las actividades creativas. Es preferible dejar que la motivación por aprender tareas más complejas surja de ellos o el aprendizaje venga naturalmente de la experiencia y se le dejará emplear su tiempo en actividades recreativas", señaló la experta.