La muestra pictórica del artista panameño Eduardo Navarro Quelquejeu, "Caballos", que se exhibió del 3 al 27 de septiembre de 2004 en el Centro Cultural Recoleta, en Buenos Aires, Argentina, donde el movimiento y el color de cada uno de los cuadros de la serie deslumbran al observador, "reconforta el alama", porque "es una muestra donde el are es otra vez pasión, como debe ser. Y es también belleza, cualidades tan poco apreciadas en estos tiempos de aridez creativa".
Así opina alfredo Cernadas, crítico de arte en la patria de Carlos Gardel, quien ante la obra de Navarro Quelquejeu, también escribió que: "estos caballos, dignos de Gengis Khan, transmiten una energía vital, la libertad desenfrenada que encuentro en la música culminante de Shostakovich, LIszt o Berlioz, cuando no la cubre el galope atronador de estos colosos cuadrúpedos. Producen una profunda emoción, acentuada por sus movimientos espectaculares, dignos de los pocos mustangos que aún dan vida a algunos paisajes desérticos con su belleza indomable".
Un aspecto que impacta es que los cuadros expuestos por el panameño en Buenos Aires miden entre metro y medio y casi cinco metros de alto.
Y, también se ocupa de analizar este trabajo de Eduardo Navarro Quelquejeu, que precisamente inició en 2002, Año del Caballo según el calendario chino, la historiadora y crítica de arte panameña Angeles Ramos Baquero.
Ella planteó que: "...del mundo romano retoma la pasión por la escultura ecuestre en su expresión más viril y autoritaria. Son caballos que combaten épicas batallas y sirven de montura a héroes civilizadores. Son caballos que invocan la presencia de Aquiles, Alejandro y Augusto César, son caballos que invitan a penetrar mundos masculinos desbordados de fuerzas primitivas, en un discurso donde lo heroico y lo erótico equilibran el combate".
En cuanto a aquellos caballos de la serie del pintor, inspirados en la antigua China, según apunta Ramos Baquero: "lejos de evocar el hieratismo severo que nos remonta a los caballos de la terracota de Xian", son "formas libres de gran movimiento que irrumpen el espacio con el brío y la fuerza animal que solo temperamentos indomables como el de Eduardo Navarro es capaz de comunicar a través de los lienzos".
Y cierra su crítica en los siguientes términos: "Eduardo Navarro es ya un consagrado poeta de las formas, del color y los espacios. Gocemos la fortuna de participar una vez más de la épica de sus pinturas y del secreto embrujo de sus sueños y misterios".